La primera vez que te vi tenías el cordón umbilical (azul y gordo como un obeso gusano espacial) unido a tu cuerpecito. Arañabas el vacío con tus manitas tratando de protegerte de la luz y estabas toda empapada en sangre. Esa noche juré que nunca te dejaría solita (como lo hice con Gustavito) que siempre sería tu guardián, tu San Bernardo a tiempo completo. Que sería un amigo incondicional… pero fallé. Maldita sea, fallé.
La última vez que te vi fue hace tres semanas y esa tarde estuve apunto de pedirte perdón. Perdón por no saber cuáles son tus dibujos preferidos, por la cara de incógnita que debo haber puesto cuando me dijiste que querías ir a ver “El Patito Feo”. Perdón por no arroparte todas las noches y despertarte a besos y apapachos en estos últimos cinco años. Perdón por no lograr que, de la nada, me digas “te quiero papi”. Y eso duele. Carajo, vaya que duele.
Y es que no sé mucho de ti. Me desconecté de tu día a día cuando tenías cuatro años. No entendías mucho por entonces, por eso sólo te dije que me iría de viaje, que ya volvía. Te pedí que te portaras bien con mamá, que comieras toda la sopa y que no escondieras los adornos en tu lugar secreto, que volvería…. Pero eso era mentira. Jamás lo haría.
La última vez que te vi fue hace tres semanas y esa tarde estuve apunto de pedirte perdón. Perdón por no saber cuáles son tus dibujos preferidos, por la cara de incógnita que debo haber puesto cuando me dijiste que querías ir a ver “El Patito Feo”. Perdón por no arroparte todas las noches y despertarte a besos y apapachos en estos últimos cinco años. Perdón por no lograr que, de la nada, me digas “te quiero papi”. Y eso duele. Carajo, vaya que duele.
Y es que no sé mucho de ti. Me desconecté de tu día a día cuando tenías cuatro años. No entendías mucho por entonces, por eso sólo te dije que me iría de viaje, que ya volvía. Te pedí que te portaras bien con mamá, que comieras toda la sopa y que no escondieras los adornos en tu lugar secreto, que volvería…. Pero eso era mentira. Jamás lo haría.

Por eso me llevé tu foto preferida. Aquella imagen en la que apareces despeinada, somnolienta, linda, tierna (tan presa de la inocencia, tan lejos de la realidad) esperando a que, como todos los sábados de aquel verano, papá arme la piscina y luego se haga el muertito para que tú, la gordita más gordita del Perú y Balnearios, lo salve con sus manitas boterianas y su sonrisa de querubín.
Eres diferente a mi… eres bonita, realmente dulce. No como yo, un tipo con cara del montón, colérico y malditamente lampiño. Has crecido más de lo que esperaba (en realidad esperaba que te quedaras para siempre como en la foto) y quizá el único signo visible de que soy tu papi (mataría porque me dijeras así) son los dientecitos separados. Terriblemente lindos. Eres toda una varguitas.
Y lo eres, aunque ayer me hayas dicho por teléfono que eres del Alianza Lima. Ayyyyy, ¿sabes como dolió eso? No tienes ni idea. Pero bueno, eres niña y aún hay tiempo para aplicar una agresiva terapia de merenguización. Pamplinas, esto último es sólo una broma.
Tu madre (perdón, tu mami) dice que eres inteligente (saliste a mi, obvio), que sacas buenas notas sin necesidad de ser como la “chinche” ¿así era no? de tu prima ¿Alejandra no? Ja. Es decir, no necesitas pegártela de chancona ni estudiar horas de horas para aprenderte la lección. Y bueno, eres toda una varguitas. Jamás estarás en el quinto superior del salón porque comprendes que eso sería coquetear con el sistema, con el clasismo burgués escolar que… bueno, ya hablaremos de eso en alg
La verdad es que te escribo esta carta abierta (aunque algunos amigos insensibles dicen que uno no debe ventilar estas cosas así de fácil, que hay que morderse la lengua) porque tengo la seguridad que no la podrás leer. Lo admito, soy un cobarde. No podría decirte en tu carita que te amo y que te he extrañado un mundo todos estos años, que te he llorado en silencio y que te he necesitado demasiado. ¡Al infinito y más allá! por citar a Buzz Lightyear.
No podría admitirte que desde hace algún tiempo paso horas pegado al televisor, oteando, apuntando nombres, poderes y gustos de una serie de personajes que pueblan las pantallas de Discovery Kids, Disney Channel y Nickelodeon.
Y es que necesito poder seguirte la conversa las tardes que vienes a mi casa. Quiero ganarme tu confianza chiquita, descubrir tus aficiones, compartir tus recuerdos… ser parte de ellos y dejar de estar tan triste.
Necesito recuperar el tiempo perdido. Ahora sé, por ejemplo, que Sportacus es un héroe espectacular (come zanahorias, detesta las golosinas y no baila pegado) O sea: el Popeye de mi generación pero en una versión más light y puritana.

Y no podría decirte todo esto, confesarte que aún guardo en mi mesita de noche un par de medias que usabas a los tres añitos, sin derramar lágrimas, ponerme como un tomate y arruinar una tarde que debería ser como las del final de temporada de los Ingalls.
Por eso aprovecho lo mejor que se hacer para pedirte disculpas públicas. Perdón por no haber estado al pie de tu cama cuando la fiebre trepaba sin misericordia, por no ayudarte a pagar las velitas en tus últimos cinco cumple, por no ir a tus actuaciones en el cole, por no enseñarte los trucos para alivianar las pesadas tablas de multiplicar, por no haberte cumplido ese cerro de caprichos que te debo y que te pagaré uno por uno. Por no haber estado cuando más te necesitaba.
Sólo me queda decirte que ames a tu mami (pero que guardes un poquito para mi), que quieras a tu hermanito y tus abuelos, y que si quieres (sólo si quieres) jubiles a ese oso perezoso que funge de centinela al pie de tu cama.
¿Sabes por qué? Porque aunque este gordito (el más gordito del Perú y balnearios) no esté físicamente ahí, en tu cuarto, de ahora en adelante será nuevamente el vigía de tus sueños, el guachimán de tu futuro, la mano que te entregará en matrimonio. Porque hasta ese día me encargaré de ti, mi amor. Lo haré hasta el día que seas una mujer y que, con los dientecitos separados, le digas “sí” al chico que amas y me digas (por fin y sin ayudas) “te amo papi”. Entonces habré cumplido mi misión y seré… el hombre más feliz de la tierra y balnearios.
TQM Adri.



ResponderEliminarOhhhhhh
Entonces volvere manhana para ver que me espera por estos lares :)
Gracias por la visita,
que bueno que se cagaron de risa todos... Es bueno saber que por lo menos las estupideces que escribo hace reir a la gente...
Un besote y nos leemos.
Entonces al igual que truly ...hasta mañana.
ResponderEliminarbesos.
mar
ResponderEliminarNada?
Chsss
Pase a saludarsh...
Volvere el 19 de febrero jeje
ResponderEliminarun beso y me alegra que estes bien
Ummm bueno, pues igual que todas. volvere¡¡¡
ResponderEliminarBesos¡¡
me gusta tu blog, te seguiré la pista... besos
ResponderEliminar
ResponderEliminarMmmmmm
mejor te agrego al gReader y de ahi vere si actualizas tu blog...
Un beso.
Mucho "trance"
ResponderEliminarVenga ya la Carta para Adrianita !
Pasando a saludar y ver que hay de nuevo.
ResponderEliminarBesos¡
Algún día ... ella te demostrará lo orgullosa que vive de su papi...solo ten paciencia mi amor.
ResponderEliminarTE AMO.
Amigo, qué linda carta. De repente ahora tu nena no te entienda, pero cuando tenga nuestra edad la leerá y derramará su lagrimón como acabo de hacer yo.
ResponderEliminarBesos.
Me ha conmovido tu texto, yo no tengo hijos, sólo un perro pulgoso que es más engreído que yo... eso de ver en la tv las cosas que le gustan a los chicos hoy en día es una chamba, a veces veo que mi sobrino ve en la tv y no sé que decirle, sin duda son otros tiempos. Creo que algún día se cerrarán las brechas, y las ausencias del pasado se llenarán con las promesas del futuro de tu hija.. un abrazo... casi moqueo al escribir esto... tu pata E.
ResponderEliminarSiempre he soñado, desde que siento que soy un niño encerrado en el cuerpo de un adulto,con ser padre de una niña, tienes ese privilegio que a veces añoro por extraña nostalgía... Todos cometemos errores y creo que escapar a través de los dedos, gastándonos las manos en los escritos es la mejor manera, no importa lo que digan los demás...
ResponderEliminarUn abrazo a la distancia
George
Una carta de amor. Hermosa carta. Felicidades. Es un privilegio tener una personita a quien cuidar, proteger, acompañar, ayudar a crecer. Más temprano de lo que imaginas Adrianita te sorprenderá con sus muestras de amor.
ResponderEliminarEl dia que tu hija lea esta carta, ( y la leera, no le podras negar ese placer de saber cuanto la ama su padre y como le ha abierto su alma en letras) se sentira maravillosamente.
ResponderEliminarEl amor de un padre es irremplazable Martin, y aunque no esten fisicamente con nosotros estan en nuestras almas, palabra de hija.
Estoy muy feliz de saber que estas bien y que la vida te ha dado oportunidades magníficas, poco a poco el cauce vuelve a discurrir tranquilo
Un abrazo fuerte y felicidades.
solo para decir... qué lindo escribes!!! Sé paciente, pon de tu parte y tu hijita te dirá cosas tan bonitas como las que escribes (lo lleva en las venas)
ResponderEliminarM.B.
;)
ResponderEliminarMe parece que la via mas facil, para lograr el tan ansiado "te quiero papi" (que puede suceder en cualquier momento, es una sensación maravillosa cuando te lo dicen), es que lo empieces a decir tú, al principio es un poco dificil, pero despues sale natural, mirarla con cara de embobado con el pecho hinchado por el orgullo de que te da que "ella" sea tu hija, y decirle "te quiero mucho hija", si al principio te mira como quien ve a un bicho raro es normal, toma tiempo procesarlo, pero siguelo haciendo y en el momento menos pensado te lo dira. No olvides que para una hija su primer amor es el de su padre, en todo el tiempo que no estuviste con ella, es cierto te necesito (en todo aspecto) y al no encontrar esa contención, su corazoncito en cierta manera se endurecio para soportar tu ausencia. Si logras ablandar ese corazon, no lo endurescas nuevamente, que seria mucho mas dificil incluso hasta lograr un abrazo, lo lograras.
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