domingo, abril 02, 2017

El Monstruo de Chapinero


Desde el edificio Equus 64 se puede ver las dos caras de Bogotá. Por un lado están las residencias de los acaudalados, los rascacielos como panales, y los condominios clonados de Netflix. Por el otro está el arrabal y las casitas de cartón engrapadas al monte. Allí viven los rolos (bogotanos) que trabajan limpiando las calles turísticas, las mujeres sin siliconas que cuidan bebés rubios y rollizos, y los jubilados que se ganan la vida cantando los titulares de muerte que inundan las portadas de El Observador.

Pero a las siete de la mañana del domingo 4 de diciembre de 2016, lo único que se escucha afuera del edificio de marras, levantado en la calle 64 del acomodado barrio de Chapinero Alto, es el ridículo ladrido de un perrito faldero, y el cantar de copetones y cucaracheros, pajaritos endémicos que invaden árboles, cables telefónicos y las tripas de alta tensión.

Rafael Uribe Noguera, 38 años, soltero codiciado, arquitecto y celoso compulsivo, tiene otra vez resaca. Ayer tomó una botella de Néctar, el aguardiente premium preferido por los yuppies, e inhaló varios gramos de cocaína que le trajeron hasta la puerta del edificio, como después corroborarán las cámaras de vigilancia. Ahora, tirado en su enorme cama con sábanas de 800 hilos, el hijo de una de las familias más reputadas de Colombia, mira el techo del cuarto y, de cuando en cuando, masculla el objetivo de esa mañana.

Ensaya nuevamente su ruta, recuerda el lugar donde conoció a Yuliana y saliva de las ganas. Ensaya nuevamente dónde y cómo parqueará la camioneta, repasa la mañana de ayer, cuando por fin pudo tocarla, pero frunce el ceño al recordar que el cumpleaños de una de sus sobrinas le impidió prolongar la cita. Ensaya nuevamente cómo hará cuándo la tenga desnuda, apunta que deberá ser cauto, que su apetito no puede hacerlo cometer errores.




En la humilde comuna de Bosque Calderón Tejada (una suerte de Villa El Salvador a la colombiana) y a sólo 1 kilómetro de distancia de los barrios bien, los perros y gatos son boterianos. Por el contrario de lo que indica la lógica en un barrio con más necesidades que sueños, las mascotas sufren sobrepeso por tanto huesitos de pollo que los niños les regalan. Son, quizá, la única distracción que tienen para olvidarse de la pobreza.

Bosque Calderón tiene solo un parque y sus callecitas son tan estrechas que no dan ni para jugar pelota. Fundado en los setenta por obreros que decidieron acabar con tanta vaina e invadir el predio, ahora sirve de morada para los nietos de los verdaderos constructores de la Bogotá boyante. Sin embargo, también es hogar de familias indígenas que escaparon de las balas de los narcos en los ochenta, y de la insania guerrillera en esta década.

Los Samboní Muñoz es una de esas familias que vivió a salto de mata por culpa de las FARC hasta que llegó a la ciudad. Juvencio es un tipo noble con rostro bonachón que trabaja llenando techos, en tanto que Nelly, el amor de su vida, es cocinera amateur y una mil oficios consumada cuando se trata de ganar pesos extras. Si hay alguien que impone la disciplina en casa es ella, porque a Juvencio la rectitud se le adelgaza cuando aparece su pequeña y con esa sonrisa tierna e infranqueable, le pide un abrazo de oso. Porque él es el papá más lindo y fuerte del mundo. La familia tiene un angelito más, Nicole, de 4 añitos.



La primera vez que estuvo en ese barrio no fue por de casualidad. Husmeaba debilidades en esas calles donde los niños aún juegan a las escondidas. Quería una niña a la que pudiera meter en su camioneta. El perfil era claro, tenía que ser pobre para endulzarla con monedas y, lo más importante, indígena para no provocar “cargo de conciencia”. Debía ser lo menos parecido a sus sobrinas y a las hijas de sus amigos, esas pequeñas que lo ven como un tío chocho y a las que, por más apetito que tuviera, sería incapaz de ponerles un dedo encima.

Necesitaba sentirse superior en todo sentido y eliminar cordones umbilicales con su entorno y los sentimientos. Por eso había estado el viernes en Bosque Calderón. Ese día se topó con Yuliana cuando jugaba en la puerta de su casa. Redujo la velocidad, cuadro el auto y le dijo que le daba 4 mil pesos si subía. Arguyó que no conocía la zona y que le pagaría para que lo ayudara a encontrar una dirección. La niña no aceptó y se fue corriendo.

Rafael enfureció como un toro. La cámara de una panadería muestra como la camioneta Nissan X-trail gris, sortea un camión cisterna antes de salir de cuadro. Le hervía la sangre de impotencia, estaba tan encabronado como esa vez que una pareja de jubilados que vivía en su edificio, lo denunció por inmoral y escandaloso. Lo habían sorprendido vestido de travesti en las escaleras, mientras en la sala sus amigos se divertían con prostitutas, y bailaban bachata calatos y a decibeles impenitentes.

Además del aguardiente y la cocaína, era un adicto al sexo y frecuentaba la zona rosa de Santa Fe. Su dosis semanal de chicas prepago, menores de 15 años y casi siempre morenas o mestizas, ya no aplacaba un instinto animal que comenzaba a desbordarse. Tanto que una semana antes de sus incursiones a Bosque Calderón, salió desnudo y le propuso “portarse mal” a una mujer de 41 años que encontró en el paradero.

La negativa de Yuliana lo había exacerbado. Tanto así, que al día siguiente, sábado 3 de diciembre, apenas acabó la matiné de su sobrina, y absolutamente sobrio, volvió a la humilde casa de la pequeña y le ofreció 10 mil pesos (poco más de 11 soles) para que entre al auto. Esta vez le habló con dulzura, le dijo que conocía a sus papás y logró que subiera, pero su primo Yazid Samboní, de 8 años, se dio cuenta y tras un nimio forcejeo se la arrebató. Era casi de noche y había mucha gente en la calle como para insistir. Decidió retirarse, pero volvería.




Yuliana despierta y salta como un resorte de su catre con colchón de paja. Hoy es domingo y lo quiere aprovechar al máximo. Quiere ir a la tienda donde está el vestido rosadito de encaje y blonditas que quiere lucir en Nochebuena. Toda la semana soñó con probárselo y ver cómo le quedaba en ese espejo, gigante como el de Frozen, que tiene la tienda del centro.

Las clases están por terminar y ella se ha ganado a punta de buenas notas que papá le cumpla el capricho. Yuliana Samboní tiene 7 añitos, le encanta vestirse de princesita pero dice que cuando sea grande trabajará tan duro, pero tan duro, que le comprará a sus papis y a su hermanita una casita al otro lado de la ciudad.

Cariñosa y responsable para una edad tan tierna, Yuliana cursa el segundo de primaria y le acaba de prometer a papá otra cosa. Le dice que otra vez se esforzará tanto, que por segundo año la escogerán para el tributo a la bandera. Ella misma ha pegado en una de las paredes de la sala, la bandera colombiana que le regalaron en julio por ser tan disciplinada y estudiosa.

Y es precisamente ese trofeo al mérito el que corona el desayuno ese 4 de diciembre. Pero como aún son las 8 y pico de la mañana, su papá le dice que juegue un rato, que es domingo y las tiendas en el centro recién abren a las 10. La pequeña sonríe emocionada y acabados los porotos, corre a su cuartito para vestirse. Se pone un short, un polito de tiras y sale a matar el tiempo con sus amiguitos. Son cerca de las 9 de la mañana y en unos minutos más ese angelito será raptado, violado y, finalmente, asesinado.



La canción preferida de Rafael Uribe es, ni más ni menos, que Cuatro babys, un hit nauseabundo del sobrevalorado Maluma, que dice así: “Ya no sé qué hacer / no sé con cuál quedarme / todas saben en la cama maltratarme / me tienen bien, de sexo me tienen bien / estoy enamorado de cuatro babys / siempre me dan lo que quiero / chingan cuando yo les digo / ninguna me pone pero”.

Esa canción, que hace apología de la mujer como objeto para complacerse, no solo es su preferida, sino que es como su himno, una especie de marcha inspiradora que pone a todo volumen en su camioneta. Ha confesado públicamente en su Facebook que le inspira, que lo saca de sus casillas. Y eso es doblemente peligroso, sobre todo para alguien que admitió que sus locuras son producto de su falta de autocontrol. Para alguien que enseña a sus amigos los videos que graba cuando tiene relaciones con amigas, enamoradas y prepagos.

Y esa mañana de domingo Uribe está entusiasmado, miserablemente emocionado con la posibilidad de tener a Yuliana ahí, en su cuarto y sin defensa. Se la imagina desnuda en el jacuzzi, se la imagina de maneras inimaginables para una mente normal. Pero él es todo menos normal, es un monstruo sexual que lo ha planificado todo al milímetro y con cronómetro. El tiempo ha comenzado a correr.

Las cámaras de seguridad del Equus 64 captan que Uribe sale de su departamento poco antes de las 9 de la mañana, y sólo seis minutos después ya está parqueado a pocos metros de la casa de Yuliana. Está ahí, sentada en la vereda, jugando yaxes cuando Uribe baja y la mete de un tirón en el asiento del copiloto, pone el seguro y arranca. Trata de escapar por la parte alta del barrio, pero la caída de un puente lo obliga a pasar de nuevo por donde raptó a la niña. Lo hace tan rápido que logra ver a la compañerita de Yuliana llorando de miedo y plantada como estaca sobre la berma.




¡Cállate carajo! Le grita para aplacar sus sollozos, pero la niña entra en pánico. Su instinto le dice que debe pelear, pero recibe un puñetazo que la deja casi inconsciente. Luego, la mano de Uribe coge su cabeza y la oprime tan fuerte contra sus piernecitas que ahoga toda posibilidad de defensa. La cámara de la panadería lo capta todo.

El reloj marca las 9.41 de la mañana cuando Uribe entra al parqueo de su apartamento. Sin embargo, algo lo pone nervioso. Sale y da siete vueltas esperando el momento perfecto para entrar nuevamente. Nunca lo hace y decide ir al otro edificio de la familia, el Equus 66, a pocas calles de allí. Entra raudamente, pero no tanto como para evitar que el portero del edificio lo vea cargar a la pequeña. Discuten unos segundos y finalmente Uribe logra convencerlo de que la pequeña es un familiar, que está malita y que, por favor, si alguien viene a buscarlo no diga nada. Que niegue que está ahí, que no pasa nada.

Abre la puerta del departamento. Es una pieza vacía que la familia ha puesto en alquiler, así que va directo al baño para consumar el crimen. La pequeña Yuliana recupera medianamente la conciencia y eso parece agradarle. La mira con deseo y superioridad, la desnuda, le pone un lazo alrededor de su cinturita, como si fuera un regalo, y comienza a ultrajarla.

El ataque es violento y la pequeña intenta defenderse de nuevo, pero solo logra arañar los brazos de Uribe, quien en esos momentos decide untar su pequeño y desnutrido cuerpecito con aceite de cocina. Se trata de un viejo fetiche practicado con sus novias y las prostitutas que contactaba por internet.

La penetra con tanta insania que desgarra su vagina y el recto en minutos. La pequeña, según los médicos forenses, murió estrangulada mientras la violaban. Es cerca del mediodía. Uribe sale al balcón del departamento, fuma un cigarro y grita: “la embarré, la embarré”.



La Dirección Antisecuestro y Antiextorsión de la Policía de Colombia (Gaula) ya anda tras su rastro. Los papás de Yuliana emprendieron la búsqueda y en menos de una hora está en marcha el operativo. La niña que jugaba con ella contó todo y en segundos aparecieron los agentes. Pidieron las imágenes de la cámara de vigilancia de la panadería y en minutos tienen la placa y el nombre del dueño de la camioneta: la esposa de uno de los hermanos de Uribe.

La llaman y ella cuenta que el auto lo maneja Rafael hace meses. Quedan con la Policía en reunirse en el departamento de Rafael, pero antes que todos lleguen, el asesino tiene tiempo para volver al Equus 64, bañarse, cambiarse, perfumarse y volver al lugar del crimen. Camina con absoluta normalidad e incluso chatea. Una frialdad de espanto.

Los hermanos logran ubicarlo en el departamento del crimen y afirman que sólo en el trayecto a la clínica donde decidieron internarlo por un problema cardiaco, Rafael recién les contó lo que había hecho. Lo cierto es que pasaron siete horas hasta que la Policía especializada pudiera dar con el cadáver. La encontraron en el cuarto de máquinas del jacuzzi. Su cuerpecito estaba partido, pero misteriosamente limpio de sangre, fluidos y otras pruebas evidentes que vincularan a Rafael como perpetrador.

Sin embargo, los exámenes forenses y el ADN del asesino en las uñas y zonas púbicas confirmaron todo. “El cuerpecito de Yuliana habló, a pesar que lo tuvimos recién a las 15 horas de su muerte. Había un evidente desgarro vaginal y rectal. No pesaba nada, la niña estaba desnutrida. Con todos los años de experiencia, nunca había victo un cuerpito así. No pesaba nada, una tristeza. Sin embargo la presencia del agresor y su identidad estaban científicamente comprobadas”, contó, entre sollozos, Carlos Valdez, el director de Medicina Legal.




Echado en una cama de la clínica Navarra, Uribe escucha, como quien oye una multa por infracción de tránsito, los cargos en su contra: feminicidio agravado, secuestro, acceso carnal violento y tortura. Frunce el ceño y pide que lo dejen llamar a un familiar. No muestra arrepentimiento, su única preocupación es que no se salga un catéter que sirve de bypass para algún líquido rehidratante.

Mientras tanto un nuevo equipo policial intenta recuperar más pruebas en una escena del crimen contaminada para intentar ayudar a Uribe. Encuentran ropa de más niñas en el tanque del inodoro. Son de diferente talla, lo que evidencia que Yuliana no fue su primera víctima.

El presidente Juan Manuel Santos rompe su silencio y en la tarde del lunes habla sobre el caso: "Con profunda indignación condeno el crimen de esta niña de 7 años en Bogotá. Que todo el peso de la justicia caiga sobre responsable", vocifera, y el peso mediático impide que el asesino acceda a beneficios. La Fiscalía logró una indemnización de 75 millones de pesos y una condena de 51 años y 10 meses para este asesino que siempre actuó conscientemente y con la precisión de un relojero.

"Se hizo justicia a pesar que las pruebas fueron manipuladas ¿Por qué fue tan desalmado con mi hijita?, mi niña no se merecía esto", responde en la radio, sollozando y con una dicción atropellada por el dolor, Juvencio.

El papá más lindo y fuerte del mundo ya no tiene a su chiquita para darle abrazos de oso, y Nelly se desmaya cada vez que los ansiolíticos pierden efecto y vuelve a la vida. Hace meses que los niños no juegan en las calles de Bosque Calderón y la casita de los Samboní luce abandonada.

Fernando Marchan, el portero del edificio Equus 66 se suicidó por miedo a que lo involucren como cómplice, en tanto que los hermanos del “Monstruo de Chapinero”, Francisco y Catalina, afrontarán un juicio por encubrimiento y complicidad. Este ha sido un triunfo de la justicia sobre el apellido poderoso y el dinero a borbotones. Entonces, aún hay esperanzas en un país donde violan 21 mujeres al día y dónde la impunidad alcanza el 95% Yulianita no ha muerto en vano y hoy tiene un nuevo hermanito que cuidará desde el cielo y que lleva su nombre, Julián.

martes, noviembre 22, 2016

El Taita Technicolor

Le hacía el amor a Marilyn en un hotelito de La Parada. Bailaba tango con patilargas que de día dormían en la revista Esquire, pero que de noche saltaban del couché, y convertían su habitación en un palacio del placer inocuo, desde donde se veía a los gallinazos picotear a los pericotes.

Brindaba con manzanilla y café con leche, pintaba putas, retrataba locos, dibujaba mendigos. Le guiñaba al mundo desposeído y en ese trance era feliz. Le encantaba el arrabal, el pueblo joven y sus casitas sitiadas por la miseria, pero teñidas con la alegría de la pintura satinada.

Víctor Humareda amaba los colores achorados, esos destellos que recogía en San Cosme y en las calles de una Lima que ponía a secar sus fustanes en los balcones, que cambiaba los baguettes por toletes, y que comenzaba a dejar el casimir para vestirse con gabardina.

Eran los años cincuenta y la ciudad de los Miró, Berckemeyers y Marsanos, recibía con los brazos cerrados y el ceño fruncido a Quispes, Mamanis y Yupanquis. Se vivía una metástasis de polleras y emolientes en las esquinas, esas mismas que antes fueron territorio de los chinos y sus chucherías. El escenario del maestro del expresionismo peruano, era la cholificación de la Lima blanquiñosa. Un nuevo orden al que todos, menos él, le daban la espalda.




Es medio día en la Plaza 2 de Mayo y Humareda camina presuroso donde su casero. Nunca le compra nada tangible, sólo se arrellana contra la pared, cierra los ojos y disfruta de la música que escapa de una radiola. El tipo vende vinilos de los maestros de la música clásica. Humareda no compra, solo escucha con cierto placer amniótico las melodías de Beethoven, Mozart o Strauss.

Hace años que descubrió el placer de los clásicos de la música y la pintura. Sucedió mientras estaba en París, pero sobre todo en Buenos Aires, donde afinó su estilo con Quinquela Martín, de quien aprendió el placer por la periferia y el mundo popular, por los personajes de supervivencia y ese cosmos pancromático que sirve para menguar la palidez sobre la alacena.

Por eso, ahora anda enamorado de la estética de la antiestética que siembran los migrantes de segunda generación en plenos setenta. Humareda recorre el centro, recala en los prostíbulos del Callao, conversa con desquiciados y estibadores en La Victoria, se tiempla de casquivanas rubias, y apunta en su libreta cada detalle para no olvidarse de lo esencial: el amor y la felicidad. Y es que él sabe, como dice la canción de Leo Dan, que en cuanto llegan se van.

Corre a su cuartito que a la vez es su atelier y comienza a pintar con la aprensión de un afiebrado. Como a quien le ha sido revelado un designio que debe replicar al instante. No importa que el casero lo amenace con botarlo del 283, si los periodistas vuelven a referirse al Hotel Lima como un hotelito de mala muerte. Dice que le sacará la chochoca y le hará ver al diablo calato. No acusa recibo. Bocetea, pinta y le dice a Marilyn que el cuadro está quedando como Dios manda.




Los mozos del bar Cordano lo conocían de sobra. A pesar de su aspecto bohemio y su pinta de dandi altiplánico, Humareda nunca fumó ni tomó, ni tampoco se le vio bailar pegado. Era más bien abstemio, romántico y bonachón. Herman Schwarz, fotógrafo y amigo del pintor, lo recuerda como un ser solitario, de buen humor, pero dueño de una paranoia muy particular.

“No permitía que nadie invadiera su privacidad y si alguien quería hablarle, siempre citaba los jueves entre las 2 y las 4 de la tarde, que era el horario en que cambiaban las sábanas de su cuarto, y él tenía que supervisar que no ordenaran el desorden que tan ordenado estaba”, recuerda Schwarz, quien tiene los mejores retratos que existen de Humareda.

Maniático de la puntualidad y dueño de una vasta producción, fue precisamente esa compulsión por capturar personajes desclasados la que terminó por pasarle la peor de las facturas. Los gases de chisguetes de óleo y de diluyentes que guardaba al lado de su cama, complotaron y devinieron en un brutal cáncer a la laringe que terminó matándolo el 21 de noviembre de 1986, en una cama del Hospital de Enfermedades Neoplásicas, sin Marilyn en la pared ni el retrato de su madre bajo el colchón.

Humareda se fue dejando más de dos mil lienzos y bocetos en los que, como dice el crítico Jorge Villacorta, queda explícito que el puneño tenía grandes referentes como Van Gogh, Goya, Rembrandt o Picasso, pero a diferencia de pintores mediocres, él impuso su huella dactilar, un estilo propio y con tanta personalidad que muchos gallinazos (y no los que se veían desde su ventana en el hotel Lima) aterrizaron para robarle sus cuadros. La leyenda urbana dice que el pintor Eduardo Moll fue uno de los que más se aprovechó de Humareda, pero es leyenda al fin y al cabo.




“La lucha por la vida tiene mucho color, voy a pintarla. Muchos tienen una imagen de lo que no soy. Como tengo imaginación vivo feliz. Si viviera de otra forma no sería Humareda, es la vida que he escogido. El arte es un apostolado y estoy imbuido de belleza, amo la vida, todo lo que me inspira y emociona. No le temo a la muerte porque es un punto de partida a la eternidad”, repetía el maestro en sus entrevistas, mientras le tomaban fotos en su sillón de Sócrates, una destartalada butaca a la que el cholo le devolvió la dignidad.

Humareda apostaba por vivir intensamente la vida que uno realmente quiere y no la que nos impone la necesidad. Sabía que hay formas de sobrevivir dignamente y de vivir sin dignidad. La felicidad no sabe de cuentas bancarias, sino de recuerdos lesos, de tangos bailados en la oscuridad o de amores eternos con casquivanas que dejaron de serlo cuando dijeron que sí. El cholo pintaba entre hombres sudando y Marilyn enamorando, disfrutaba de París y La Parada sin chistar. Su mundo no conocía la banalidad, era el planeta del color y la patria de la felicidad.


Crónica publicada en El Peruano, noviembre de 2016

domingo, noviembre 13, 2016

El alma de Tacna

Santiago Velásquez tenía ocho años pero el día anterior se había portado como un hombre. Ante tres ganapanes chilenos, había sido claro en la víspera: En su casa no flamearía la bandera indigna. Ningún Velásquez daría vivas al invasor y él no iría al liceo para nutrirse de Diego Portales, el patricio chileno que había sentenciado que el futuro de Chile pasaba por tomar el sur del Perú.

Por eso vino la golpiza impune y la intentona de violación a su hermana, Olga Velásquez, hasta que un palazo removió la morra del sátrapa José Llangato. El mapuche devolvió el golpe con insania y la agarró a punta pie limpio contra los hermanos. Luego, con sus cómplices, saqueó la casa y estaba a punto de quemarla, cuando llegó la madre de los críos con más gente. Tuvieron que huir como hienas.

El episodio es narrado con cierta prolijidad en la edición del 13 de marzo de 1926 de La Voz del Sur. Era una raya más al tigre, pero una raya que entonces debía conocerse más que nunca, pues la reincorporación de Tacna estaba a la vuelta de la esquina.



Se trataba de un ataque más de “Los mazorqueros”, pandilla paramilitar que hace décadas sembraba el terror y paría viudas en Tacna. Con el auspicio y la logística de la soldadesca invasora, golpeaban, robaban y asesinaban a los peruanos chúcaros que se negaban a reconocer a Chile como la nueva patria.

Eduardo Yepes, historiador tacneño de pura cepa, cuenta que si bien por un lado los chilenos desenvainaban la espada para intentar chilenizarlos, por otro lado blandían su sonrisa hipócrita y manipuladora desde la esquina académica.

Ni por la razón ni por la fuerza
Por más que trajeron catedráticos desde Santiago para impresionar a los púberes tacneños de la primera generación nacida en cautiverio, el patriotismo se mantuvo a flor de piel. Los nuevos tacneños no se dejaron seducir y se instruyeron en escuelas clandestinas que abría la Sociedad Católica de Instrucción y Auxilios Mutuos.

Si bien el Tratado de Paz de Ancón de 1883 estipulaba que en diez años debía darse un plebiscito para que las poblaciones de Tacna y Arica decidan por Perú o Chile, en 1894 el invasor pateó el tablero y de ahí en adelante, como una forma de resistencia cultural, los tacneños afianzaron su peruanidad y produjeron el mejor teatro y poesía de su historia.



Como parte de la resistencia tacneña, en la gloriosa Sociedad de Artesanos y Auxilios Mutuos El Porvenir, en 1886 se escuchó por vez primera el himno de Tacna. La composición fue de Modesto Molina y tenía la misma música del himno nacional. Se cantó hasta 1911, año en que se intensifica la violencia hacia los peruanos y se destruyen las imprentas de los combativos diarios La Voz del Sur y Tacora.

Una década después, en 1925, la comisión estadounidense que debía evaluar la factibilidad del plebiscito, resuelve que no había garantías para un proceso neutral con “Los mazorqueros” golpeando cabezas, derramando sangre y matando peruanos.

Después de una serie de negociaciones directas entre los entonces presidentes de Perú y Chile, el inefable Augusto B. Leguía y Carlos Ibáñez, los chilenos sueltan el anzuelo y el dictador muerde con genuflexión y alegría: se partirían los territorios.

Se decidió que Tacna regrese al Perú y Arica siga bajo el infame yugo chileno. Esto se concretó el 28 de agosto de 1929 en una ceremonia con más de 20 mil almas en la plaza de armas de Tacna, y que concluyó con el izamiento de la bandera y la entonación del himno por soldaditos peruanos, universitarios, campesinos, mujeres corajudas y ciudadanos con el corazón partido: se recuperaba la ciudad pero se perdía el puerto para siempre.

El mundo da vueltas
A 86 años del regreso de Tacna al Perú, la situación de las ciudades hermanas es dispar. Tacna ha crecido y diversificado su oferta productiva y comercial. Por otro lado, Arica sigue pareciendo un pueblo grande. Olvidada por el gobierno de La Moneda, sus habitantes sufren un proceso de peruanización… sin querer queriendo.

Sin fusiles y sin bayonetas, parece que nos estuviéramos cobrando la revancha. Los principales restaurantes sirven lomos saltados y cebiches. En sus casas se lavan los dientes con pasta dentífrica peruana, sonríen y ven gracias al asequible talento de los odontólogos y médicos tacneños. Visten polos traídos de Gamarra y pasan un tercio de su vida en suelo patrio. Quizás sea el momento de hacer un plebiscito y preguntarle a los ariqueños si les gustaría volver al Perú. No creo que digan no.

Crónica publicada en El Peruano, agosto 2016

Entre la línea del bien y del mal

Indira Huilca ha demostrado no tener mucha correa ni aguante político. La novel congresista electa por el Frente Amplio e hija del desaparecido líder sindicalista, Pedro Huilca, ha soltado toda su furia en las redes sociales contra un insignificante meme.

Se ha peleado con un poco de tinta y le ha salpicado una andanada de críticas que van desde los calificativos de ignorancia supina, hasta unos de más grueso calibre que desnudan una supuesta intolerancia crónica y un ego elefantiásico.

“Soy víctima de ataques patéticos de los fujitrolls al mejor estilo del fujimontesinismo” ha respondido la egresada de San Marcos, sindicando responsabilidades al meme de marras que, muy suelto de huesos, soltaba un rumor sin mucho asidero: que había cobrado por gastos de instalación en el Congreso y que le encantaban los iphones. Y si eran rosados, mejor.



Entonces el clima empeoró y se encendió una pequeña pradera. Su verbo altisonante provocó el aterrizaje de memes recargados que se regodeaban en sus lapsus recientes, y le recordaban que Lima no sería sede de los Juegos Olímpicos el 2019, que el Perú no era un país de violadores y que la matanza de Accomarca no fue responsabilidad de Alberto Fujimori, sino que ocurrió durante el gobierno aprista.

Tras recibir estos ganchos de derecha en las redes sociales, la joven congresista parece haber reculado y aprendido la lección que no puede emprender batallas que no va a ganar. Que debe entender que los memes, las caricaturas y la mofa en tinta china o ilustrator deben digerirse con una sonrisa por fuera aunque la procesión vaya por dentro. Más, si son anónimos.

Pero Huilca no es la primera en pelearse con una viñeta. Hace unos años el mismísimo presidente del Poder Judicial, Enrique Mendoza, resbaló mediáticamente y amenazó con denunciar al caricaturista de La República, Carlos Tovar “Carlín”, si no se rectificaba. ¿El pecado? Colocarlo en una viñeta con una estrella aprista en el pecho, aludiendo, claro está, a su supuesto vínculo con la Casa del Pueblo, rumor que por esos días corría, incluso, dentro de los feudos de jueces y fiscales.



Estas respuestas destempladas, eufóricas y hasta cierto punto, cándidas, de quienes ven zaherida su autoestima por una caricatura, sirven para recordar los orígenes de la crítica a mano alzada en el Perú, los mismos que se remontan a los intestinos de la gesta libertadora, cuando en 1820 José de San Martín apareció montando un asno, en evidente alusión a su, disque, poca inteligencia.

Más adelante, en plena República, el grabado fue el arma para tomarle el pulso a la realidad nacional, graficando, por ejemplo, las puyas entre el mestizo Ramón Castilla y el criollo José Rufino Echenique, en medio de revueltas y trifulcas liberales. Fue la época auroral de la sátira peruana, aunque su estilo remedaba viejas formas de la Europa de emperadores, zares y cortesanas. Otras publicaciones que sobresalieron en esos años fueron Adefesios y Aletazos del Murciélago (1866), de Manuel Atanasio Fuentes, que vapuleaba con descaro al mariscal Castilla.

Pero si hablamos de caricatura política con sello propio, el parto con sabor nacional se da de la mano del arequipeño Julio Málaga Grenet, quien en 1905 funda Monos y Monadas junto al inmortal Leonidas Yerovi. Tan potente fue esta publicación que reclutó a grandes dibujantes e intelectuales como Abraham Valdelomar.

Luego seguirán Lléveme usted (1911), fundada por Yerovi, y El Mosquito, de Florentino Alcorta. Para 1917, Málaga y Federico More sacan Don Lunes como una trinchera contra el segundo gobierno de José Pardo y su república aristocrática. De esa época también resalta Mundial de Jorge Vinatea Reinoso que combativamente se mofaba del dictador Augusto B. Leguía con una ironía de filigrana. Incluso José Carlos Mariátegui colaboró en esta revista con una sección intitulada, “Peruanicemos el Perú”.

En los cuarenta volvimos a mirar a ultramar y las publicaciones salían con un tufillo estadounidense y muy ligadas al cómic. En 1947, Carlos Roose, “Crose”, se inspira en José Luis Bustamante y Rivero para crear su personaje “Pachochín”, con quien ironiza sobre su exacerbado apego a la letra. Años más tarde sale Rochabús, de Guido Monteverde, que inspiró a caricaturistas contemporáneos como “Carlín”, quien define la caricatura como una herramienta ácida y deconstructora.



“La caricatura es el medio con el que expreso mi punto de vista y me siento completamente libre. La caricatura es un elemento de crítica, la caricatura no puede apoyar a ninguna ideología porque no construye. La caricatura destruye, pero esa destrucción es necesaria. Es vital la oposición al poder, es así como funciona”, suelta Carlín, marxista confeso y por ende un gran caricaturista pues esperamos que el marxismo nunca alcance el poder.

LA NUEVA OLA
El recambio en la política peruana de los fabulosos e iconoclastas años cincuenta, tiene como secuela el nacimiento de medios nada cacasenos como La Olla (1966), que zarandeaba al aprismo y al belaundismo. Además, retorna el cáustico Monos y Monadas, esta vez de la mano de Nicolás Yerovi, que en los setenta y en plenas fauces del gobierno militar de Morales Bermúdez, se convierte en ícono del humorismo y se vuelve un bálsamo donde los civiles sentían que alzaban la voz, aunque sea un poquito.

Allí se consagran grandes caricaturistas como Juan Acevedo, creador de “El Cuy”. Otros artistas, unos con más y otros con menos talento, que han paseado sus trazos y verborrea gráfica han sido Alfredo Marcos, Eduardo Rodríguez, Julio Polar, Javier Prado, Miguel Ángel y Alonso Núñez. Sin embargo, aún teniendo todo este glorioso pasado, la caricatura nacional sólo tiene ahora un hijo pródigo en “El Otorongo”, donde destacan Jesús Cossío, Luis Rossell, Álvaro Portales o el veterano Heduardo. En el campo digital podría citarse a los chicos de El Panfleto, pero ahí paramos de contar.

Pero si alguien merece una referencia especial en la historia de la caricatura política nacional, ese es Luis Felipe Angell de Lama, “Sofocleto”, el gran maestro de la ironía, periodista, escritor y humorista gráfico que inmortalizó el irreverente “Don Sofo” en los setenta y ochenta, y que paseó su talento por los más importantes diarios del Perú. Habría que recomendarle a la congresista Huilca que no se haga muchas “paltas” con el humor gráfico y que, como decía “Don Sofo”, crea más en la filosofía universal del gato.

Nota publicada en Manifiesto, setiembre 2016

En el nombre del padre

Hizo la primera tesis en el Perú sobre conflictos socio ambientales en los ochenta. Se involucró en la defensa de las comunidades vejadas por la actividad extractiva, principalmente. Para unos es un adalid ecológico, para otros un demonio que espanta las inversiones. Marco Arana llegó al Congreso por el Frente Amplio, pero él mira más allá. Esto no es una entrevista, es más… un mea culpa


Usted es un producto mal vendido para la gente, se le ve como un rojo, como enemigo de la inversión, como un revoltoso antiminero. ¿Es posible cambiar esa imagen desde el Congreso?
No tengo otra manera que acercarme a la gente. En la marcha contra la violencia de género, un hombre de unos 60 años me gritaba diablo, entonces me acerqué y comenzó a repetirme todo lo que se ha inventado de mí. Al final de la conversación reconoció que yo tenía ideas claras, que luchaba por un ideal y no por un interés personal, pero me dijo que igual nunca votaría por mí. Que no esperaba que me acercara luego de haberme ofendido. Pero al menos ya no era un diablo, me entiende…

Pero más allá de discursos, la gente quiere gestos, acciones…
Es cierto, quienes representamos la solución ambiental tenemos que ser consecuentes. Hay que acercarnos más a la gente y ahí entra lo que llamamos la acción política coherente y testimonial. Lo que dijimos en campaña lo defenderemos, mantendremos contacto con quienes nos respaldaron y estaremos abiertos al diálogo con quienes no nos conocen y atacan. Nuestra actitud será siempre pro positiva. En el Frente Amplio no solo sabemos decir no, tenemos que mostrar que una cosa es la indignación frente al abuso y otra es no proponer salidas.

Y esa indignación le costó su expulsión de la Iglesia el 2009
Fue el precio por formar Tierra y Libertad. Yo no veía incompatibilidad entre ser sacerdote y defender los derechos de la gente. No pensaba terminar en la actividad política, lo que buscaba era ayudar al proceso de organización y concientización para una participación ciudadana en materia política y ecológica. Esta postura encendió los reflectores de la derecha como si fuéramos enemigos de la inversión, llevaron al nerviosismo y cierta actitud hostil del prelado…



Digámoslo claro, Cipriani…
Cipriani me dedicó homilías y mensajes directos y públicos. Solicité permiso, no se me dio y se me suspendió. Me hicieron un juicio eclesiástico y se me dispensó de mis funciones sacerdortales, excepto en emergencias. Yo me mantengo en discrepancia con la línea neoconservadora de algunos obispos peruanos que están en contra de la Teología de la Liberación…

Antes, en el Ejército las órdenes se obedecían sin dudas ni murmuraciones, pero ahora existe el derecho a la insubordinación. Me imagino lo que debió ser tener como jefe a Cipriani con todas las denuncias que pesan sobre él, a quién protege, sus millones en el Banco del Vaticano…
Y con los wikileaks que hablaban que los más altos obispos del Perú se reunieron con los embajadores de EEUU, Canadá e Inglaterra para ver cómo sancionar a los sacerdotes comprometidos en la defensa de la ecología, con los involucrados en el conflicto ambiental. Cuando supe cómo se negociaba con gerentes de empresas mineras, comprendí la profundidad del poder económico y político, y su miedo de que cambie el sistema establecido con la lucha de los pueblos indígenas.

Y Cipriani estaba de acuerdo en eso…
Las formas jerárquicas de la Iglesia han querido convertirla en cuarteles, pero la teología cuestiona las estructuras de poder y por eso se dan las discrepancias con Cipriani, defensor del gran interés económico. El amor con la naturaleza está en la nueva encíclica del Papa, pero intentan taparla. Sufro porque en la Iglesia me ven como enemigo, pero hay que guiarse por la libertad y el amor a los principios, por el respeto a la dignidad humana, a la naturaleza. La prepotencia nunca dura.

Y de subordinado de Cipriani pasó a ser un subordinado de Verónika Mendoza…
Jamás me sentí ni seré un subordinado de Verónika Mendoza. Me sentí completamente identificado con el proyecto de Tierra y Libertad…

Pero el 2021, para el Bicentenario, ¿Quién será el candidato de la izquierda? ¿Tendremos un cura presidente, ya tuvimos un militar y no nos fue muy bien que digamos?
Yo represento a Tierra y Libertad y aunque hay naturales diferencias en el Frente Amplio, quienes escojan al candidato del 2021, y eso lo sabe Verónika Mendoza, serán nuestras bases. Para ello tenemos que mejorar nuestro sistema de elecciones internas. Hay una expectativa natural de los líderes, pero debe haber una consulta ciudadana con mecanismos más transparentes…

¿No los hubo el 2011? incluso se habló de fraude, que le habían volteado mesas en las elecciones internas…
Tuvimos un proceso inédito con resultados que podrían haber sido más favorables a Tierra y Libertad, pero hay que mirarlo en el ciclo histórico. No ganamos y no pateamos el tablero por eso. Hay que mirar la política con generosidad y al largo plazo. De cómo construimos, a partir de nuestra llegada al Congreso, un espacio convocante con quienes sea posible un nuevo espacio. No hay necesidad de atarse a las viejas anclas que han atado la unidad de las izquierdas…

Siente entonces que su movimiento perdió feeling cuando se acercó a Gregorio Santos y luego se alió con Verónika Mendoza, y se supo lo de las agendas y se corrió la cortina de su pasado palaciego…
En medio de una situación de descredito decidimos crear un partido político. Fue audaz y valiente. Ahora, el pretender llegar con otras tiendas políticas que capitularon y otras que se perdieron en el camino, ese proceso hay que leerlo autocríticamente. ¿Creábamos un partido alrededor de una persona? No. Siento que hay que devolverle a la política ese sentido amplio, sin caudillos. Creo que lo hicimos bien, pero hay que admitir que como movimiento político ecologista y descentralista no teníamos porqué cargar los problemas que llevaron a la división de las izquierdas.

Se arrepiente de la alianza…
No, pero creo que había que marcar la continuidad con los movimientos que defendían los derechos laborales, sociales. Ahora hay que incluir una agenda política con la defensa de los derechos indígenas y el cambio de la racionalidad política y económica. Creo que ese sigue siendo el núcleo de tensión que ha impedido un proceso de unidad más convocante, nítido y que nos ha llevado a enfrascarnos en problemas insuperables que las izquierdas más tradicionales siempre tenían

Sigo sintiendo que se equivocó al escoger a sus amigos, a quienes dejaba entrar a casa…
Comparto tu pregunta porque es una interrogante que me acompañará a lo largo de los próximos años. ¿Si queríamos construir algo nuevo, podíamos intentarlo con viejos métodos? Pues la respuesta es no. Vino nuevo en vasijas nuevas. La relevancia del tema ecológico no pasa a ser la preocupación de izquierdas ni de derechas. La tierra nos está diciendo que hay un fin y que hay que caminar en otra dirección.

¿Y Tierra y Libertad cambiará de dirección?

Creo que hay que evaluar lo que uno ha hecho. Decir que la lucha de los ronderos y las comunidades campesinas de Cajamarca se concentra en Gregorio Santos, no es así. Él es un hijo de ese movimiento. Las personas pasamos, los procesos quedan y esos procesos quedan marcados por el liderazgo. Yo apoyé a esas bases sociales y ellos esperan un liderazgo que no los defraude con corrupción, demagogia, caudillismo, ni la mediocridad como pasó con Ollanta Humala. Gregorio, Verónika y yo somos pasajeros, es el proceso el que cuenta.

En Verónika he visto un proceso de madurez que ojalá cuaje y espero que se aclaren las acusaciones que pesan sobre ella. En el caso de Gregorio Santos la corrupción nunca ha tenido bandera, viene de derecha y de izquierda. Si lo exculpan en buena hora, pero si lo condenan que esta sentencia no solo venga del Poder Judicial, sino también de la gente que lo acompañó. Una cosa es la unidad y otra es apañar.

Entrevista publicada en Manifiesto, setiembre 2016



Radiografía de una mentira

Siempre que se hace una historia se habla de un viejo, de un niño o de sí, pero esta historia es difícil. Haré la historia de un ser de otro mundo, de un animal de galaxia. Es una historia que tiene que ver con el curso de la vía láctea (socialista peruana), es una historia enterrada (sobre un audio falso y un boicot grosero). Stop.

La letra de Canción del elegido, de Silvio Rodríguez (compañero al fin y al cabo) sirve de coartada perfecta para contar la verdadera historia detrás de la elección de la candidata presidencial del Frente Amplio (FA), la ex nacionalista Verónika Mendoza, y del gran derrotado de esa lucha intestina, el ex sacerdote Marco Arana.

Pude conversar con Jorge Gallegos Pineda, ex personero legal de Tierra y Libertad en las elecciones primarias del FA realizadas el 2015, quien después de un año decidió romper su silencio y correr la cortina de un escándalo que llega a la propia Mendoza, y que le salpicaría al mismísimo presidente de la Federación Peruana de Fútbol, Edwin Oviedo, a la sazón, mandamás de la Empresa Azucarera Pomalca.

“Pasado un año del fraude que nos hizo Sembrar (movimiento que empujó la candidatura de Verónika Mendoza), apoyados seguramente por la empresa del señor Oviedo, creo que es hora de hablar y que la gente sepa la verdad. Es momento de contarlo todo”, suelta Gallegos, escarba en la memoria y pasa revista a correos y expedientes de una verdad que nadie quería contar por miedo al qué dirán, a la demolición mediática del FA ad portas de las elecciones presidenciales de abril pasado.

El sólido norte
Setiembre del 2015. Arana está preocupado. La gente de Sembrar ha comenzado a esparcirse como un virus en el frente, a copar los cargos más altos del FA, y en esa ramificación abonan viejos panzers zurdos como Marisa Glave y Pedro Francke, oficialmente adscritos a Tierra y Libertad, pero adláteres de Mendoza. La cosa es así, con el apoyo mediático, con la luz verde nacionalista y con el entusiasmo de muchos universitarios, la candidatura de Mendoza sube como la espuma en las zonas urbanas. En Tierra y Libertad andan con los crespos hechos y ensayan teorías, esbozan estrategias para hacer frente al huracán mediático que tiene la lideresa de Sembrar. Los votantes de Arana son por el contrario a la naturaleza de los seguidores de Mendoza, ciudadanos rurales, difíciles de agrupar para que voten.

¿Cómo parar esa espiral? ¿Cómo contrarrestar la falsa imagen de rojo y antiminero que tiene Arana? ¿Cómo ganar las primarias del FA si todo parece consumado? Son preguntas que se hace el cogollo de Tierra y Libertad. Entonces Gallegos alza la voz y muestra el pan que traía bajo el brazo: “El norte nos apoyará con más de 10 mil votos. Los trabajadores azucareros de Pomalca y Tumán que forman el movimiento de Giovanna Constantini nos dará el triunfo”, dice, y los rostros adustos dan paso a la incredulidad. Gallegos replica, se explaya y convence. Lo escuchan, pero “ver para creer” dicen los dirigentes y se decide que Arana vaya al mismísimo norte a comprobar si el apoyo es en bloque como se especula.



“Arana viaja con Miriam Parra. Pasean junto a Giovanna por los pueblos, hablan con la gente de la organización azucarera y el propio Marco se queda sorprendido con el afecto y respeto que la gente le mostraba a él y a Giovanna. Luego de comprobar el respaldo que tendría su candidatura y que inclinaría la balanza regresan a Lima con mucho entusiasmo y reforzamos el trabajo de campaña. No nos podían ganar”, espeta Gallegos y recuerda que tal fue el miedo de Sembrar que mandaron al propio Juan Carlos Giles para que le ofrezca lo que quiera a Constantini, con tal que esos votos recaigan en Verónika Mendoza.

¿Pero por qué tanto cariño con la ex periodista? Hacia fines de agosto del 2015, los trabajadores azucareros de Pomalca habían logrado un viejo sueño: la empresa de Edwin Oviedo había claudicado a su postura feudalista con la que se enfrentaron por más de 10 años y había reconocido sus derechos laborales.

“Se les reconoció sus beneficios, sus derechos. Pasaron de ganar sueldos de hambre a cobrar hasta 1200 soles. Fue una lucha sindical que nunca se había logrado y que obtuvieron con el apoyo de Giovanna, quien logró unirlos en una sola causa. Entonces ella formó su movimiento (Unión Popular Lambayecana) y se asimiló al FA. Todos cerraron filas para apoyar a Arana. El triunfo estaba consumado con esos votos y así estuvimos confiados hasta un día después de las elecciones porque la diferencia nos favorecía. Marco era el ganador, pese a las irregularidades que favorecían a Mendoza”, recuerda Gallegos.

¿Irregularidades en favor de Mendoza? Sí. El ex personero de Tierra y Libertad cuenta que se impugnaron algunas mesas de Pimentel, por ejemplo, donde había ganado Mendoza, pero que increíblemente consignaba mesas ubicadas en direcciones inexistentes. Esos votos fueron observados. Además, no se había contabilizado los votos de Puno, y la maquinaria del Partido Socialista –aliado de Mendoza- impidió mediante argucias que campesinos de las alturas de Ayabaca, en Piura, y de Arequipa pudieran votar. Sin embargo y pese a todo, ante la contundencia de los votos en Pomalca, era sólo cuestión de horas para olear y sacramentar el triunfo aranista.

El audio “bamba”
La gente de Tierra y Libertad está preparando la celebración. Cruzan mensajes en Facebook, las llamadas de felicitación saturan el celular de Arana, cuando de pronto todas las cabezas electorales del FA son convocadas a una reunión extraordinaria. Las huestes de Sembrar dicen que tienen una denuncia gravísima. No pasa ni una hora y los dirigentes del FA están sentados a la espera de la denuncia.

“Nos dijeron que había un audio donde Giovanna conversaba con un ex trabajador de Pomalca apellidado Osorio, en el que ella admitía que algunos votos fueron obtenidos en la casa de los pobladores, que se llenó el acta con esa información. Es decir, que se pusieron votos a delivery y que esa información se vacío en actas. Yo llamé a Giovanna y me dijo que sí había hablado con ese trabajador y que efectivamente le había dicho que imprima cédulas de votación para que todos voten, que no sabía cómo hacía, pero que esa gente tenía que ir a votar”, recuerda.



Con esa información a priori, Arana decide aceptar la presión de Sembrar y pide al Comité Electoral que se anulen los votos de Pomalca. Sin ese respaldo, el triunfo era de Mendoza. Todos están decepcionados y consternados. Pero, aún así, Gallegos pide escuchar el audio de la conversación, pero los dirigentes de Sembrar sostienen que el periodista que lo tiene, cuyo nombre nunca fue revelado, no lo quiere “soltar”. Que sólo cuentan con una transcripción. Gallegos insiste con el audio, la negativa salta de nuevo.

Aún sin haber escuchado el audio, Arana, “aconsejado” por las voces del partido, decide dar un paso al costado para evitar que el tema salte a los medios y afecte la imagen del frente. Sin embargo, a las horas Gallegos recibe la llamada de Giovanna Constantini.

“Me dijo que había leído la transcripción y que se había editado todo, que nunca había admitido que se tomaron votos en las casas. Que se trataba de una burda manipulación. Mencionó que la transcripción condensaba tres conversaciones distintas. Una donde se hablaba de un ex funcionario de Pomalca, otra en la que pedía recoger firmas en las casas para evitar que la empresa Azucarera Pomalca se apropie de unos terrenos que ellos mismos habían hipotecado a empresas fantasmas con el fin que Oviedo se adueñe de los terrenos y los urbanice. El otro tema era que se impriman las cédulas, todo el material electoral para repartirlo. Eso era todo. Era un audio bamba, nos querían ganar con el miedo, nos querían extorsionar con una mentira”, recuerda Gallegos.

Agrega que le alcanzó esa información a Arana, le pidió luchar, pedir el audio original y someterlo a un peritaje. “Nos estaban robando la elección con un audio trucho (adulterado). Sin embargo, me dijo que aún así tuviéramos la razón, el escándalo terminaría afectando al Frente Amplio. Que se ratificaba en retirar los votos de todo Pomalca. Los de Sembrar nos sembraron y se aprovecharon de la inexperiencia política de Arana para apabullarlo con el tema de la imagen del partido. Le recordaron el escándalo del audio infeliz donde “Pepe” Julio Gutiérrez chantajeaba a la minera en Arequipa. Quienes estaban más felices eran Glave y Francke, estaban como locos porque Marco se retirara y reconociera el triunfo de Verónika. Fue una farsa”, rezonga Gallegos y frunce el ceño, recordando lo que califica como un fraude. Incluso se había amenazado con armar una conferencia de prensa donde se acusaría a Arana de corrupto.

“Marisa Glave nunca quiso que Arana fuera candidato presidencial. Al inicio ella empujaba la idea que el Frente Amplio tuviera una candidatura simbólica, testimonial, con Alberto Pizango, el líder tribal del “Baguazo”. Que no importaba tener una bancada chiquita, que había que salvar la inscripción. Luego apareció Verónika Mendoza, congresista, bonita, con una imagen qué vender y ya sabemos a quién apoyó”, sentencia.

Pero Gallegos va más allá y desnuda una realidad sobre la que muchos hablan, pero que ningún integrante del FA había admitido. Sostiene que con Mendoza llegó un “grupito de caviares” encabezados por Carlos Monge y Pedro Francke –integrantes de una fracción de Tierra y Libertad que quiere disolver el partido en el FA- que ahora quiere imponer su aparato y su burocracia, que el Frente Amplio tiene una cúpula que manipula gente con amigos y que se maneja como los talleres oenegeros. “Nos sientan en grupitos y aprueban lo que ellos han llevado masticadito. Pero los verdaderos dirigentes y miembros de Tierra y Libertad son los verdes, somos los ecologistas”, aclara.

Azúcar amargo
¿Pero quién pasó el “audio”? ¿Quién alcanzó la transcripción? Según Gallegos los “compañeros” de sembrar dijeron que el audio apareció en un sobre, bajo la puerta de la casa de un dirigente de su organización y que lo pasó un periodista de mucho renombre. Pero Giovanna Constantini tiene las cosas más claras. Al menos así se lo dijo a Gallegos.

“Me dijo que está segura que su teléfono fue chuponeado para poder, luego, editar la conversación. Que quien está detrás de ese chuponeo seguramente era Edwin Oviedo, quien nunca le perdonó que se le enfrentara. A Giovanna la han intentado coimear, la han asaltado tres veces, pero ella no se rindió. A Oviedo no le convenía que gane Arana y que Giovanna se lance como congresista. Simplemente se la sacaron de encima”, remata y acota que otra versión que corrió fue que el propio Servicio de Inteligencia estuvo detrás de todo.

Gallegos subraya que Verónika Mendoza sabía que se estaba tumbando la candidatura de Arana con un medio ilegal como un audio que no fue sometido a un peritaje. Además, recalca que así hubiera sido verdad lo del audio, lo único que debería haberse anulado era la mesa donde se suponía que se había recogido los votos puerta por puerta.

“Estamos hablando de la mesa de Saltur (distrito de Saña) donde sólo se consignaron 83 votos. Además, cabe anotar que los representantes de Sembrar (monitoreados por su dirigente nacional, Juan Carlos Giles) avalaron los resultados que daban por ganador a Arana en Lambayeque. Y es más, Sembrar puso personeros en casi todas las mesas. Solo en tres no tuvieron representantes. Entonces, ¿de qué estamos hablando? Aquí hubo una gran jugada, una presión descomunal contra Arana, quien, presa de su inocencia política, y en aras de no romper la unidad, claudicó a su derecho natural de ser el candidato del FA. Arana obtuvo más de 4 mil votos y Mendoza cerca de 500. Aun anulando lo de Saltur, Arana ganaba”, señala Gallegos.

Como conclusión, el aún militante de Tierra y Libertad (le han dicho que lo suspenderán por su postura crítica) advierte que Verónika Mendoza sabía que estaba ganando con un arma deleznable como un audio adulterado que no pasó por ningún peritaje y que apareció, para desgracia del ex sacerdote, por obra y gracia del espíritu santo.

Al respecto, precisa que en medio del proceso que el FA le abrió a Giovanna Constantini, ella pidió que el audio pase por un peritaje, que se cite al periodista anónimo que afirmaba tener el audio, y que se realice un careo con Juan Carlos Giles, Álvaro Campana y Marco Chu, hombres de Sembrar involucrados en el tinglado, pero al final no le hicieron caso y el proceso quedó en nada.

“Fue por miedo. Yo no pondría el Estado en las manos de un grupo de personas que valiéndose de un delito, como lo es un audio chuponeado y editado, llegan al poder”, dispara Gallegos, sabiendo que la respuesta que recibirá del cogollo de FA será, seguramente, de padre y señor mío.

Informe publicado en Manifiesto, agosto 2016

Me alejé de la cochinada

Es la segunda vez que venimos a la casa del ex congresista, vocero y pararrayos del Partido Nacionalista, Daniel Abugattás. Y no es que lo hayamos entrevistado antes, sino que, al parecer (presunción de inocencia) en la mañana olvidó que habíamos pactado la conversa. ¿Presunción cercana? Reprogramó unilateralmente la entrevista, quizá el precio a pagar por ser un medio nuevo, ajeno a las corporaciones periodísticas mazamorreras.

Nos recibe en su pequeño estudio, una habitación de tres por tres, algo desordenada, atiborrada de libros, papeles con anotaciones ininteligibles, medallas de tiempos más felices y muestras de granos, fideos y otros menjurjes. Nada que ver con la pompa que hace algunos meses tenía, cuando era parte del cogollo de Ollanta Humala y su gobierno de la “gran transformación”, establishment al que ahora apunta sus bombas molotov, sin dudas ni murmuraciones. Sirve café pasado y nos pide que empecemos. Bueno, respondo. Rew, stop, rec.


La mayoría de gente lo recuerda por el personaje que Jorge Benavides desarrolló en su programa cómico. Digo Abugattás y me dicen, ah, Lisuratás. ¿Así quiere que lo recuerden?

Mira, gracias a Lisuratás llegué a una buena porción de peruanos que ahora me saluda en la calle. La faceta que Benavides hizo, pintándome como un personaje carismático, canchero, con calle, frontal como fui en el Congreso, es muy parecida a lo que realmente soy. Lo mejor que me dejan mis diez años en política es el cariño de la gente.

He recibido críticas también por cierto grado de grosería que tuve y en su momento reconocí esos exabruptos. Yo traté de mantenerme siempre como un ciudadano de a pie, pese al cargo y las ínfulas que éste conlleva y los sobones que el cargo atrae. Sin embargo, hice un esfuerzo por mantener una comunicación fluida y hablar como soy.

¿Va a extrañar el Congreso?
Yo estoy fuera de la política partidaria. Me quedé sin partido. Invertí muchos años de mi vida en el Partido Nacionalista Peruano, pero salí por la pata de los caballos.

Se lo pregunto porque usted dijo en una entrevista que solo haría política hasta cuando se sintiera joven, que luego se dedicaría a pasear su perro en el parque…
Lo dije, claro que lo recuerdo. Mira, hay una realidad. Para seguir en política, como yo la concibo, tiene que haber un marco de institucionalidad partidaria. Si hubiera continuado en mi partido político y este tuviera un marco de institucionalidad, en el cual uno pueda desarrollarse, probablemente hubiera continuado en la política, pero dadas las circunstancias actuales donde el partido que vi nacer se convirtió…

En un club de amigos…
Efectivamente, es un club de amigos. Si no se logra desarrollar institucionalidad partidaria, yo no me veo participando en política en los próximos años…

Pero usted fue parte de ese gueto. ¿No cree que fue muy cómodo renunciar al pasado cuando solo faltaban cuatro meses para el fin del gobierno? Usted dijo que Nadine Heredia cambió al mes que Ollanta Humala asumió la presidencia, entonces, ¿cómo vivir en el vientre del monstruo tanto tiempo, siendo, como dice, tan frontal?
Yo siempre tuve la ilusión de que las cosas se compondrían. Y siempre tuve al margen a la señora (Nadine) Heredia. Mi relación fue, durante todo ese tiempo, directamente con el presidente de la República. Evidentemente cuando ellos traicionan al partido, cuando se destapa el tema de las agendas, cuando se confirma que eran suyas, pese a que lo negó siempre; y cuando me marginan de la reunión del Comité Ejecutivo Nacional, donde deciden sacar la candidatura de Urresti, pues eso fue la gota que rebalsó el vaso.

Insisto, usted debió irse antes y no esperar el final de la película. No se ve muy bien que digamos…
Tienes razón. Yo cargaré hasta el día de mi muerte con el karma de haber participado en esto. Fui engañado y soy culpable de no hacer lo que debí hacer en su momento. No rehuyo mis responsabilidades y mis pasivos que tengo que cargar por haber permanecido diez años al lado del presidente Ollanta. Yo siempre creí que había la posibilidad de hacer las modificaciones dentro del partido, corregir el camino mal llevado los últimos años, pero ya con la última forma como Heredia manejo el Comité Ejecutivo Nacional (CEN), me di cuenta que no tenía nada que hacer ahí. No tenía ninguna intención de practicar una democracia ni desarrollar institucionalidad dentro del partido, es un club de amigos el partido de Humala y Nadine.

Usted fue un alfil nacionalista, quien reclutó más de 35 mil simpatizantes, quien abrió bases en casi todo el país, el que recibió los puyazos y puso la otra mejilla. Me imagino el dolor que sintió cuando le dieron la espalda. Además, Cynthia Montes, la ex secretaria de prensa de palacio y miembro del CEN, dijo que usted sabía un mes antes que iban a retirar la candidatura de Daniel Urresti, que usted mentía…
Eso no es cierto y no es la primera vez que Cynthia Montes miente. Tanto es así que en la reunión del CEN donde se va a tomar la decisión final de sacar a Urresti y retirar la plancha presidencial y del Congreso, no me dejan ingresar. Como sabían que no estaba de acuerdo, simplemente me bloquearon el ingreso. Además, la posibilidad de no presentarnos a las elecciones se planteó dos meses antes, mucho antes que se designe a Milton Von Hesse…

Usted mismo está admitiendo que sabía, entonces porque irse si ya sabía lo que pasaría
Un momento. Estamos hablando de antes que se designe a Urresti, antes que se ponga de candidato a Von Hesse. Yo soy el que le planteo al presidente Ollanta que si las cosas son así y no hay voluntad de desarrollar partido, que lo mejor era que se quede con su partido, que renuncie al tema y que preserve la vigencia de la inscripción

¿Y qué le dijo el presidente?
Humala me dijo que no, que teníamos que seguir, que necesitábamos tener bancada. Te lo digo, fue en una reunión la primera semana de enero, y ahí salió el nombre de Milton. Luego, cuando fracasó Milton, enamoraron de nuevo a Urresti y lo único que le pedí al presidente cuando se hablaba de que se retire, era que tuviera la cortesía de hablar con el candidato, que eso tenía que aprobarlo el CEN, donde yo sabía que tenía minoría porque era el único con voz propia. El resto eran sumisos a Nadine, unos chicheño. Pero hubiera sido democrático que todos participáramos de la decisión.

Y otra cosa que quiero que quede claro es que Ollanta sabía yo lo iba a acompañar solo hasta el 28 de julio. El nivel de confrontación que tuve con las políticas que implemento Ollanta ha sido realmente frustrante. Durante cinco años, estar enfrentando al ministro de economía, al de producción que hacían todo lo contrario a lo que habíamos ofrecido, fue desgastante y al final tengo que cargar mi karma, es mi pasivo. Pero tengo la valentía para reconocerlo. No fui lo suficientemente inteligente para poner el pare cuando debí hacerlo.

Perdóneme, pero resulta difícil creer que mantuvo una enemistad con Nadine Heredia y que no coordinaba con ella, después que se ventilara la famosa “luz verde” y luego que el actual ministro de Economía, Alfredo Thorne, revelara que Nadine ponía personal en los ministerios. Entonces, resulta iluso pensar que ella no mandaba en su propia bancada
A mí no me daba órdenes. Y esa independencia queda explícita cuando quiso entrometerse al organizar una reunión del gabinete con la bancada. La reunión terminó a los cinco minutos porque yo me pare y me largue. Y ahí se acabó mi relación con Heredia. Yo mantuve una postura institucional y mantuve el diálogo con el presidente, que la mayor parte del tiempo me ignoró y me fue alejando…

¿Qué le decía?
Me pedía que arreglara mi situación con Nadine. Amístate con Nadine, me decía…

¿Tan cosito era Ollanta?
Bueno, tú lo has dicho. Es increíble, pero ya no quiero ahondar más en esos detalles, al final es su familia.

Pero, el no conciliar con Nadine lo fue alejando…

Fue así desde ese momento que puse el freno. Me refiero a diciembre de 2012, cuando asume la presidencia del Consejo de ministros, Oscar Valdez. No iba a aguantar intromisiones y hay más de 70 testigos que saben cómo terminó la cosa, ya te dije que me pare y me largue. Al día siguiente el premier fue a pedirme disculpas a mi despacho. Desde ese momento la presencia de Nadine era incómoda y no trataba con ella. Gracias a Dios que me alejó de su entorno.

¿Lo dice por las denuncias de corrupción, usurpación?
Al fin de cuentas me alejé de toda la cochinada y ahora puedo dormir tranquilo. Ya el Poder Judicial tendrá que investigar todas las denuncias que se han ventilado

LOS AÑOS MARAVILLOSOS
Usted dice que no puede confirmar si el dinero que llegó para las campañas nacionalistas venía de Venezuela, pero que si había alguien que se ufanaba de ser un mecenas era su paisano arequipeño, Álvaro Gutiérrez. Su olfato no le decía que había algo raro ahí…
Yo ingrese a la política en diciembre de 2005. Venia del sector empresarial y para mí todo esto era nuevo. Conozco a Ollanta en noviembre y la primera semana de enero ya era vocero. Era como una inyección de adrenalina y me sumé al proceso sin mirar mucho a los costados. Honestamente a la única persona que veía entrar con dinero en efectivo y que si faltaba plata, él la conseguía, era Gutiérrez, decían que era un empresario muy exitoso. Si hubiese tenido la experiencia que tengo hoy hubiera cuestionado.

¿Ollanta no tenía dinero, todo lo se lo traía Gutiérrez? Gustavo Espinoza, el ex congresista nacionalista, ha mencionado que el 2005 Ollanta no tenía donde caerse muerto…
Es verdad. Cuando yo conozco a Ollanta por un embajador, efectivamente Ollanta y Nadine no tenía dinero. Le pregunté a Ollanta cómo había hecho para formar el partido y me dijo que fue en base a los ahorros de su sueldo como agregado militar en Francia y Corea. Me dijo que había invertido todo lo que tenía, unos 80 mil soles.

¿Hubo una involución ideológica del candidato que terminó sometido y convirtiéndose en un cachorro del capitalismo más ortodoxo o desde el primer momento todo fue una mentira? ¿Nadine fue un punto de quiebre?
Mira, es un caso curioso. Nosotros trabajamos de la mano cinco años con Nadine cuando fuimos oposición y cuando había reuniones la más radical y de extremo izquierda era ella. Se preocupaba sobre qué posición tomaríamos en el pleno a favor de la gente. Pero cuando ganamos la presidencia; es decir, con Ollanta como presidente electo, se produce la gran transformación. Ella comienza a asumir un rol insospechado. Dentro de este engaño caímos yo, Carlos Tapia, Salomón Lerner. La gran involución ideológica de Ollanta, como dices, es producto de Nadine.

El presidente entró en un limbo ideológico y se comenzó a cumplir los mandados de la Confiep, de la Sociedad Nacional de Pesquería y de la Sociedad Nacional de Minería y Petróleo. Se incumplieron el 99% de las promesas. La gran transformación sólo ocurrió en la cabeza de Heredia y con ello contaminó a su marido.

¿Cogobernaron o era ella quien realmente mandaba? Esas son las opciones, porque queda claro que Ollanta Humala no reinaba

Creo que ha habido hechos que evidencian que hay una corresponsabilidad. Los medios son muy críticos, pero cuando ella habló de “sus ministros” o se ventiló lo de la “luz verde”, todo el mundo aplaudió…

No todos aplaudieron…
Me refiero a la mayoría. Todos sus funcionarios sabían el poder que ejercía Heredia. Ahora, aquellos que le hicieron caso que paguen sus culpas, yo me zurraba en lo que decía Heredia. Después me enteré que cuando iba a algún ministerio por un proyecto de ley, ella ordenaba que todo lo que venía de Abugattás no saliera. Pero en fin, ahora se lo agradezco porque su gente tiene más de un anticucho….


¿Es posible investigarla y que se le sancione con 8 años por usurpación de funciones?
Sí, claro. Pero mira, es bien difícil que algún ministro reconozca como lo hizo el Presidente del Comité Organizador de los Juegos Panamericanos, Luis Salazar, que fue Nadine quien le propuso el cargo y luego todo lo coordinó con el ministro Jaime Saavedra. Eso lo ha reconocido porque ese señor es un caído del palto y lo ha dicho públicamente y con eso se ha llevado con todo al ministro Saavedra. Es un exceso de candidez que ha revelado una verdad que debe investigarse.

LA MALA EDUCACION
Con esa información y con la denuncia que usted hizo que el ministerio de Educación destinó 240 millones al Comité Olímpico Peruano entre el 2012 y 2013, y de los cuales sólo se rindió cuentas por 16 millones, ¿cómo es posible que Saavedra siga siendo ministro de Educación?
Mira, no me lo explico, honestamente lo que pasa con Saavedra es que dentro del país de los ciegos el tuerto es rey. En unos gabinetes ministeriales donde campeaba la mediocridad, Saavedra resaltaba. Si compararas a José Gallardo (ex ministro de Transportes) o a Alonso Segura (ex ministro de Economía), Saavedra gana por varios cuerpos de ventaja. Pero Saavedra le ha hecho un daño irreparable al deporte nacional al designar a un improvisado como Saúl Barrera en el manejo del Instituto Peruano del Deporte (IPD) y al haber puesto por algunos meses a su secretaria, Desilú León, como directora del proyecto especial de los panamericanos. ¿Cuánto dinero ha pasado por esa dirección mientras estuvo su secretaria?

¿El ministro Saavedra tiene responsabilidad, complicidad en algún hecho irregular?
Saavedra ha acaparado todos los puestos. Por un lado su gente no rinde cuentas y él no manda al procurador a que haga su trabajo y por otro lado los contrata. Al final a mí no me queda otra cosa que pensar que hay una complicidad, de ignorancia, en el mejor de los casos. Hay que respetar la presunción de inocencia que llega hasta el propio Francisco Boza.

¿Y qué ha hecho Saavedra?
No se rinden cuentas, se desaparece dinero. Saavedra sabe que se fueron 10 millones de soles que eran para la organización de los juegos Panamericanos. El no denunció y les volvió a dar el dinero para que hagan pagos. Eso lo sabe él, se lo he dicho en su cara. A pesar de todo eso, parece que tiene ángeles guardianes muy poderosos que son las universidades privadas las cuales ha favorecido con la ley universitaria.
Pero parece que nadie quiere investigar, goza de buena salud en la opinión pública…

Hay que analizar a dónde ha ido la publicidad del Ministerio de Educación estos años, qué hace el área de prensa, cuántos asesores tiene Saavedra y cuánto ganan. El hombre se sabe vender, es un buen marketero, se ha vendido como un buen producto político, pero realmente seguimos en el peor nivel de educación, no hay ningún cambio significativo en cinco años. No es que ha pasado sólo un año, alguna mejora deberíamos tener a pesar de los cientos de millones que se le ha dado. Lo único peor a Saavedra ha sido Patricia Salas. Es un desastre.

*Entrevista publicada en Manifiesto, setiembre 2016

Del amor, la cocina y otros demonios

Afirma que Dios creó la comida, pero él la perfeccionó. Como el gran Lolo Fernández, rehusó firmar un cheque en blanco para irse a trabajar fuera del país. Pedro Solari, además de ser un gran cocinero (nunca chef), es un asceta que escucha tangos y colecciona chucherías burguesas. Gran amigo de estrellas, generales, magnates, don nadies y presidentes, consorte de las chicas más guapas de la Lima que se jironeaba, el padre del cebiche habla fuerte sobre la cocina y otros menjunjes. ¡Quién no ha probado su comida que se joda!

El rey de la cocina peruana vive en un castillo de tres pisos levantado en los años del general Odría, y que ahora, en los años del presidente empresario, luce los estragos de los temblores, los olvidos y la humedad que lo carcome todo, como la indolencia. Su palacete está pintado de un amarillo melancólico, casi fúnebre, y descansa en una calle con nombre de guerrero inca: Cahuide, en el clasemediero Jesús María. Pero aunque Solari está a punto de cumplir 94, sigue siendo el loco de siempre. Lúcido, memorioso, dueño de un paladar refinado y con un carácter bonachón y ácido, como los limones que hacen posible su plato maravilloso.


Creador del cebiche que actualmente conocemos, Pedro Solari vive de espaldas al glamour plástico de los cocineros en boga, le vale madre la feria que lucra en nombre de los campesinos y la inclusión, y sigue bebiendo whisky de 15 años para alegrar el espíritu. “Mistura es puro chancho y chicharrón. Ese plato no es comida peruana y encima le echan cerveza, eso es una cojudez”, dispara, y subraya que sólo fue el día de la inauguración porque lo invitaron, si no, no iba.

Apunta que es una pérdida de tiempo. Que nunca puso su stand en Mistura porque él cocina rico y para cocinar rico, replica, no se puede preparar para mucha gente. Y es que Pedrito es un artesano del sartén y su ecosistema es su huarique.

“Si iba, era para perder tiempo. Yo cocino para mis amigos, no para cualquiera. Ahora, sé que los organizadores ganan mucho dinero, y según supe han invertido parte de esos ingresos en la compra de una casa, de un terreno. No lo sé bien, pero yo ni loco iba Mistura”, remata.

Sin pelos en la lengua, ni deudas que guarden las formas, afirma que en el Perú no hay restaurantes de lujo y que no tiene cocineros a quien admirar. Se le sale el barrio, la calle que tiene, no obstante su pinta de dandy con guayabera, y dice, como buen hijo de chiclayana y chinchano, que los restaurantes de ahora dan una mierda. Que la auténtica comida se hace a mano, como su mítica papa a la huancaína que le tapó la boca al mismísimo Aristóteles Onasis.

“Ni con batán ni con licuadora. En mi casa estuvo Onasis, el multimillonario. Lo llevó mi gran amigo Luis Banchero Rossi, y se quedó maravillado por mi crema. Me dijo que era magnífica, que se le podía echar a todo, no como las salsas francesas que solo son de guindones o aceitunas”, recuerda, y pide a su fiel y hablantina compañera, Teresa, que abra la double JW y nos invite unas copitas. Sí, en casa de Solari el escocés se toma en copas.

Mientras mi fotógrafo lucha con la poca luz que entra por las ventanas y falsas balaustradas, Solari se reafirma en que no dejará un libro de recetas cuando muera. Que quienes no han comido de su mano, que se jodan. De hecho es la frase para su epitafio. Rubrica que no le enseñará a nadie cómo cocinar porque el truco no sólo está en la receta, sino en las manos, en el impulso vital para transformar arroces y lenguados banales en bocados lujuriosos.

“Acá vino Gastón a pedirme mis recetas ¿crees que se las daría fácil? Le dije que no. Que si quería se las vendía. Le dije, mira Gastoncito, tú me das un millón de soles y te enseño mis recetas, cómo se hacen. Me respondió que no, que era muy caro. Yo le respondí que iba a ganar mucha plata. Hasta le iba a enseñar a preparar licores y dulces, pero no quería pagar”, recuerda y recarga la carabina.

Dispara. Dice que es mejor no vender la experiencia, que no se puede pagar la renta por el talento. Que no tiene sentido enseñar sus recetas porque las prepararán mal y entonces caerá el maleteo impune y su honor se irá por la borda. “No vale la pena porque la harán mal y van a decir ¿Esta es la comida que hacía Solari? esto es una porquería” espeta.

Presidentes como Benavides, Odría, Prado, Belaunde o García, actores como Cantinflas, John Wayne, cantantes como Celia Cruz, Chabuca Granda y Armando Manzanero, son sólo algunos de los más celebérrimos personajes que han pasado por su pequeño restaurante de cuatro mesas, por ese búnquer donde conoció a su amigo Toshiro Konishi, el gran itamae que después de probar su cebiche juró por todos los santos habidos y por santificar, que nunca lo prepararía porque era imposible mejorar la perfección.

“La comida debe ser honrada, prefiero tener cuatro mesas aunque no gane mucho dinero, pero mi felicidad es ver a la gente disfrutar mi comida. No es porque lo haga yo, pero el mejor cebiche del Perú es el mío y no tengo trucos. Solo es ají, pescado, cebolla, sal y limón al final. Al limón sólo se le debe dar una vuelta para no sacarle lo agrio”, acota y ahora el que dispara soy yo: ¿Y el cebiche de Javier Wong no es el mejor?

Me dice que no. Que Javier no limpia bien el lenguado, que lo prepara rojo porque es flojo, que no le quita todas las venas y la sangre malogra el pescado. Que así le ponga pulpo para pasar piola el color carmesí del lenguado y bajarle la intensidad, la diferencia se nota en el sabor.

La vida loca
Antes tomaba una botella de whisky al día, comenzaba a las doce y terminaba a golpe de seis de la tarde cuando llegaba el pan. Ahora se cuida un poco más y sentencia, con una cultura etílica de 60 años, que no importa mucho la etiqueta, si no que tenga más de 15 años. Tres copitas por día son suficiente, dice. Y es que el cuerpo no aguanta como antes, como cuando se jaraneaba con la pequeña burguesía limeña con la que se codeó gracias a sus sancochados y cebichitos.

“La vida es bella y hay que saberla llevar. Pero el futuro lo veo mal porque la gente no sabe vivir. ¿Tú ves que en alguna casa de un cebichero tengan muebles tan lindos como los míos? No. La gente de ahora no tiene gusto, no hay placer por la estética. Cuando yo muera no dejaré herencia, el primero que entre a mi casa que se lleve todo”, suelta y manda al diablo el prejuicio sobre los cocineros hombres. “Antes se decía que los hombres que cocinaban eran rosquetes, pues yo fui una prueba de que eso no era así”, afirma tocándose el pecho y vaya que tiene razón.

Corría 1951 y en el viejo aeropuerto de Limatambo la llegada de Damaso Pérez Prado, el rey del mambo, desató la locura entre las solteras, solteronas y amas de casa con permiso para pecar con el pensamiento. Las entradas al Embassy se habían acabado hace meses y Pedrito, aunque era fan del cubano, no tenía tickets para el concierto del año.

“Así como tenía amigos del barrio, más pelados que yo al inicio, así también tenía amigos y amigas del Club Nacional. Cómo me voy a olvidar de Amazona, una feísima pero finísima señora de sociedad que se hizo muy amiga y que aprovechando la amistad con el cholo Mercado, dueño del Embassy y del City Hall, me llevó a ver a Pérez Prado en primera fila. Una vez acabado el show lo invitó a su casa. Pérez Prado tocó el piano y otras cosas más de Amazona y a tal punto llegó la juerga que terminó en pelotas, vestido solamente con su corbatita michi. Fue el escándalo del año”, recuerda Pedrito y afirma que aunque le gustaba el bacanal, él también amó.

Como buen galán, recomienda las italianas y las españolas por su fogosidad, pero sobre el placer de la carne dice que no hay como la mujer peruana, que aunque es muy jodida, es la más fiel y querendona.

“He conocido el amor y el placer. Estuve a punto de casarme, tenía todo comprado. Es más, todo lo que está aquí era para mi matrimonio, pero ella cometió el desliz de preguntarme cuánto ganaba y, lo que es peor, tuvo el craso error de exigirme que una vez casados pusiera fin a la parranda. Se acabó nuestro noviazgo. Le volví a hablar el día que se casó y me regaló el boutonniere que su esposo llevaba en la solapa. Me dijo que simbólicamente ese día también se casaba conmigo”, escarba en la memoria, suspira y pide otra copita de escocés.

A manera de consejo para aquellos que tuvieron matrimonios que duraron lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks, suelta su teoría sobre el amor. Según Solari, sí existe, pero si le mientes se quiebra la belleza, entonces se jode todo. Conjetura, con la solemnidad de un masón mestizo, que en la vida no se puede ir engañando, que el amor dura toda la vida si no se miente y que el respeto es irrenunciable.

“Si uno ama, tiene que amar y dejarse de cojudeces. El amor no es pasión y sexo solamente. Tiene que haber respeto por fuera y por dentro de la casa. Yo conocí por ejemplo una relación tormentosa entre Doris Gibson y Sérvulo Gutiérrez. El pintor no sólo la retrataba en sus cuadros, sino que la arrastraba de los pelos por la Plaza San Martín. Y eso no es amor, ni aquí ni en la china. No sé por qué duraron tanto”, sentencia y me dice que ya habló bastante, que está soltando mucho, que otra vez será.


Antes de irme Solari tiene que escabullirse de esa burbuja romántica y recobrar su dignidad de macho alfa. Entonces, como una manera de engordar su orgullo bien ganado, me pide que recite la décima que el maestro Augusto Polo Campos le compuso en los setenta. Luego me recuerda que tuvo el primer auto fantástico de Lima (un Mazda con sensor de voz), que almorzaba con Tomás Marsano, que jugaba ocho locos con Felipe Graña y que Juan Velazco Alvarado lo quiso matar cuando le criticó su estrepitosa reforma agraria.

Él es Pedro Solari, y aunque dice que jamás pagaría por publicidad como sí lo hizo un colega para hacerse conocido con su programa en la tele, sostiene que ha entendido que a veces el boca a boca no basta y que esta entrevista ayudará un poco a que las nuevas generaciones lo conozcan. Ah, y eso sí, me pide que revise bien mis cosas, porque si olvido algo… lo que se queda en su casa, se requisa.

Crónica publicada en Manifiesto, setiembre 2016

Una tragedia ayacuchana

La violación y muerte de una adolescente, la semana pasada en Ayacucho, sólo es la punta de un iceberg maldito que nadie quiere ver porque no vende y está a más de 500km de Lima. Esta vez no son los sinchis ni los terrucos los que amenazan a la ciudad de los charangos y los retablos. El licor y la violencia sexual pueden acabar con las nuevas generaciones si alguien no hace algo, pero ya.


Hace dos semanas no iba al colegio. L.D.N.C. “Diana”, 15 años, de rostro ovalado, risueña y mirada perdida, estaba decepcionada de la vida. Al menos así lo insinuaba en los mensajes que colgó en su Facebook en agosto, antes del fatídico viernes 26, cuando unos salvajes la violaron con tal demencia que terminó muerta por una trepidante infección generalizada.

Había tirado la toalla en los estudios y marginaba olímpicamente a sus amigas del alma. A quienes hace un año les confesó que soñaba con ingresar a la Universidad San Cristóbal de Huamanga para no terminar como mamá, salpicada por la pobreza en Madre de Dios y abandonada a su suerte por un marido indolente. Quería amor y futuro.


Pero de esa niña aspirante que dejó su tierra y mamá para ir en búsqueda del progreso en Huamanga, ya nada quedaba. Había conocido a NCFN “Camila”, una chica de 16 años que le presentó el perfume nauseabundo del vodka barato y el picante olor de la marihuana. El sexo vino por añadidura con los perreos infames y los reguetones que invitan al choque y al orgasmo a granel.

“Ya no paraba con nosotras. Cambió mucho. Paraba en las fiestas semáforo y una vez nos contó que ya había tenido relaciones, que esas fiestas eran lo máximo, que tomaba lo que quería”, recuerda Alisson y subraya, con un rictus espontáneo, que ella solo fue una vez a esas fiestas, que ella no era como su amiga.



Viernes 26 de agosto. Pasaje Santa Rosa, sector arenales, distrito de San Juan Bautista, Ayacucho. JRRA “Jaime” (15) y LFTC “Luis” (17) están ansiosos. Hace dos días emborracharon y violaron a una ex compañera de primaria y su amiga, pero los policías sólo dejaron una notificación bajo su puerta. Entonces, envalentonado con el alcohol, Jaime fue hasta la casa de una de ellas y la amenazó con matarla si volvía a abrir la boca.

De regreso a su búnquer y junto a Luis deciden seguir la juerga y llaman a Cesar Campos Aguilar (19) y Jhon Castro Tenorio (18). Además, le avisan a su amiga NCFN “Camila” para que traiga otra chica, es entonces que aparece en escena Diana. Ella y los chicos se embriagan y se drogan hasta que decide irse a un cuarto adyacente para tener relaciones con Jaime.

Según la transcripción, a la que tuve acceso, a los pocos minutos todos irrumpen en la habitación y comienzan a grabar el coito con un celular. El video muestra a la víctima pidiendo que no graben. Pero nadie le hizo caso, ni su amiga, quien no se inmutó cuando los otros tipos, aprovechando ya la inconsciencia de Diana, la violan una y otra vez.

Pero ahí no cesó el ataque. Las imágenes son crudas, macabras y provocan arcadas. La estudiante es penetrada una y otra vez por el recto y la vagina con una botella de vidrio y un palo de escoba. Además, uno de ellos introduce hasta medio brazo en la vagina de la menor. Durante todo el ataque Diana está inconsciente, apenas balbucea, y Camila sonríe y dice que después le tocará a ella, que todo está bien.
“Todos nos le fuimos encima. Primero fue Jaime, luego yo, después Jhon y al final Luis. No había control de nada, todo pasaba rápido, estábamos ebrios. Pero el sábado yo desayuné con ella, no la veía tan mal”, contó con pasmosa frialdad, Julio Campos, quien viajó exclusivamente para la fiesta desde Lima.

Así estuvieron por más de hora y media hasta que deciden parar y Diana comienza paulatinamente a evacuar coágulos de sangre. Al día siguiente por la tarde, ella sigue en cama y escucha música. En la sala, sus violadores están en otra orgía con más chicas, quiere escapar pero no puede, grita para llamar la atención y logra que Camila la lleve a su casa para bañarla y que descanse.

El domingo 28 de agosto, Diana escapa y busca refugio donde una verdadera amiga, Lizbeth Huarcaya, pero no es hasta el lunes por la mañana que llama a su medio hermano, Jhoel Ayala Navarro, quien la encuentra deshidratada y desangrándose. Estaba pálida e hirviendo en fiebre. La lleva al hospital y denuncia la violación. En medio del dolor y la pérdida de la conciencia, ella revela el nombre de tres agresores y a las pocas horas muere.

Los enfermeros del Hospital Regional de Ayacucho no querían hablar del tema, pero al final, indignados por la brutalidad de los agresores, confirmaron que el deceso se produjo por una infección generalizada. La agresión fue tan inhumana que se rompió la separación entre recto y vagina. El conducto de la excreta iba directamente a la vagina. Las heces contaminaron todo y la infección fue fulminante.



Con la bulla de la prensa sensacionalista limeña, integrantes de la Comisión de la Mujer y la Familia del Congreso, encabezada por su presidenta, Indira Huilca, llegaron a Ayacucho. Se sentaron y escucharon a la sociedad civil que dio un mensaje claro: el Estado tiene que actuar inmediatamente para evitar que esto se repita.

Pero a la congresista Huilca la reunión le importó muy poco porque se la pasó revisando su celular, mientras autoridades y colectivos ayacuchanos expresaban su malestar, desnudaban su vulnerabilidad y pedían apoyo a gritos contra la violencia sexual y de género. “La solución pasa por blindar a la seguridad ciudadana y trabajar el tema desde la raíz, desde la familia, porque si no hay valores en la familia, entonces pasa esto”, dijo Huilca sin saber mucho del tema.


Y es que basta quedarse unos días en Ayacucho o “Allachupo”, como le dicen los turistas jóvenes, para darse cuenta que algo raro pasa en esta región donde se selló la independencia americana y donde se destapa una ola de violaciones, muertes y una embriaguez comunal que parece enceguecer la razón y atizar el morbo insano de las nuevas generaciones. Las portadas de los diarios locales dan cuenta de la insania que se vive. Ayacucho es tierra de nadie.

El problema, en realidad, tiene su génesis en el entorno y la realidad de los estudiantes de secundaria. Más del 60% son adolescentes de áreas rurales que viven en la ciudad sin sus padres. Unos refugiados en casas de tías, y otros en cuartos alquilados que comparten con hermanos, primos o amistades. Así de cruda es la situación.

Entonces, como bien apunta Gotardo Miranda, de la Comisión Regional de Acción contra la Trata de Personas de Ayacucho, los menores no tienen filtros, están abandonados y son presa fácil de jóvenes y adultos que los captan mediante el Facebook, para inducirlos al licor, tener relaciones sexuales y/o violarlos. Sólo este año, remata, se han registrado 44 casos de explotación sexual. En cuanto a la trata de personas, detalla que Ayacucho es una de las ciudades preferidas de los traficantes, que pagan por un niño de 3 años hasta 3 mil dólares.

Pero la situación es más grave aún. Celina Salcedo, presidenta del Instituto Regional de la Mujer Ayacuchana (IRMA), revela que en lo que va del año se han registrado 6 casos de violación de niños menores de 10 años, más de 10 contra adolescentes mujeres, y que la mayoría de chicos inicia su actividad sexual a los 12 años. ¿La cereza del postre? El 25% de embarazos registrados en Ayacucho es de niñas menores de 13 años.

Esta es la realidad ayacuchana. Su adolescencia está vulnerable a los perpetradores sexuales que los endulzan con botellas de vodka (licor preferido en las fiestas semáforo) para tener sexo colectivo. Con más de dos fiestas por día que se promocionan de boca en boca y algunas en redes sociales, Ayacucho enfrenta una nueva tragedia. El caso de Diana es solo la punta de un iceberg que los medios amarillos no cubrirán y que las autoridades parecen ningunear porque se trata de Ayacucho, la ciudad acostumbrada a las tragedias, a la marginación capitalina y donde el dolor parece un estigma.

Ayer fue el terrorismo, hoy es el libertinaje sexual, las bandas de violadores y una juventud que crece narcotizada y alcoholizada al ritmo de Don Chezina, y con realitys que venden carne e infidelidad en vivo y en directo.

*Crónica publicada en Manifiesto el 2016

miércoles, octubre 02, 2013

La insoportable levedad del chef. Mistura, juntos pero no revueltos



Esta no es una nota zalamera como las que hacen ciertos periodistas seudo gastronómicos (Como Gonzalo Pajares). Tampoco encontrarán adjetivos lambiscones como los que regaron en la tele los reporteros del “canal oficial de Mistura” para pasar piola y comer gratis su chanchito al palo.

Naranjas huando. Este es un despacho desde altamar, lejos de pretensiones ni padrinazgos, a buen recaudo del sonar de la gran corporación gastronómica peruana. Es un pequeño ensayo sobre lo desastrosa que fue la feria en cuanto a contenido, oferta gastronómica, democratización y, lo que es peor, la ratificación de viejas argollas que, con cargos de organizador y conferencistas, se pasearon orondos con su anticucho en mano por la feria, mientras la arena les moteaba la cara.



“Hola, John, debido a que este año se orientó a un perfil más estudiantil y profesional en industria gastronómica, el ingreso ya no fue libre. Igual la feria dispone de más conferencias para el público en general. ¡Saludos!”. (SIC)

Esta fue la respuesta que el facebook oficial de Mistura le dio a un joven estudiante cuando preguntó porqué no pudo entrar a las conferencias de los chefs internacionales que trajo Mistura y que se presentaron en el “gran” auditorio Apega. Y es que con Apega ahora las cuentas son claras y el chocolate espeso. Y a mí “me late” que seguirán así por cuatro años más, que es el tiempo que el señor Francis Allison (alcalde de Magdalena) ha cedido gratuitamente a la Sociedad Peruana de Gastronomía 12 hectáreas de la Costa Verde.

Atrás quedaron los mensajes de inclusión social, igualdad y el eslogan ferial de “todos reunidos”. Este año se dio de baja, y a la mala, a la etiqueta que tenía la feria: “En Mistura todos somos iguales. Todos hacen colas, todos comparten el mismo espacio sin preferencias”.

Este año los chefs internacionales sólo hablaron para la gente de plata. Había que tener 400 dólares para ganarse con sus demos. Punto. Si eras estudiante de cocina, aficionado, cocinero amateur y no tenías el dinero no entrabas. De hecho, una ola de denuncias y críticas inundó el fan page de Mistura, pero nada hicieron.

Atrás quedaron las banderas de igualdad que hasta el 2011 flamearon en Apega y que permitieron que estudiantes, amas de casa y picanteras pudieran escuchar y ver a Ferran Adria, por ejemplo. Y es que todo es plata ahora. O quizás, siempre lo fue. Si no, basta revisar que ha hecho Apega con todo el dinero que le entra en Mistura todos los años (este año dijeron que entraban 11 millones de dólares), y con el que recaudan entre sus asociados por una membresía cuyo único beneficio es la posibilidad de "algún día" estar en Mistura.

¿Qué ha hecho Apega, además de sacarle un libro al ex ministro Ginocchio, editar el libro de los ajíes y sacar informes de Arellano Marketing sobre el boom gastronómico? Pregunto, ¿Qué comunidades de campesinos (de esos que premia en la feria con cartones multicolores y estatuas de plata albina) han recibido algún dinero de Apega?

No se hizo nada, como tampoco se hizo en Pisco cuando el 2010 ofrecieron mejorar la cadena de frío y asegurar que los grandes hoteles les compren el pescado a los pescadores, y no a los buques chinos o rusos. No paso nada. Como tampoco pudieron implementar ni ayudar con sus cocineros asociados en la instrucción de los chicos en la escuela de cocina de Senati de Pisco. Pero, claro, para la foto sí estuvieron todos. Como tampoco pudieron hacer nada con el emblemático mercado de Surquillo.


¿Qué ha hecho Apega por los cocineros jóvenes que ganan cada año el disputadísimo certamen en Mistura? Nada. Al margen de llevarlos de viaje a ciertos foros en provincia, nada. Sólo los utiliza para presentarse como la palestra de reconocimiento e impulso de las nuevas generaciones, pero nada más. Ninguno de ellos es asociado de Apega, ninguno consiguió un empleo por Mistura. Son harina de otro costal.

La misma gente

La salida del eficiente y exigente Pedro Córdova de la gerencia de Mistura fue recibido con brindis por algunos cocineros miembros de lo que en Apega se conoce como el círculo de cercanos al cocinero más mediático del Perú. Se alegraron por el retiro del sargento de las buenas prácticas de manipulación.

Carcajearon entres rolls y cuycito ancashino. La cancha estaba libre. Sin Córdova todo quedaba expedito. Con Mariano Valderrama y Bernardo Roca Rey ocupados en como armar Mistura en Japón y otros menesteres, la mayoría de cocineros que desde el 2008 no suelta sus cargos en el comité organizador hicieron pampa.

Si no, cómo explicar que El Rocoto, ese restaurante mediocre de seudo cocina arequipeña que dirige Blanca Chávez, siga como referente characato en la feria del Perú para el mundo. ¿Y saben qué platos vendió? Rocoto relleno y chupe de camarones. Sí, los más emblemáticos de la cocina arequipeña. Tremenda falta de respeto para las auténticas picanterías como Doña Mery, conocida por su espectacular chupe de camarones. ¿Qué le dijeron que tenía que vender? tamales y chicharrón de camarón. ¡Pamplinas!

La otra metida de pata es haber seleccionado al restaurante de Rocío Orihuela, del comité organizador de la feria, para que venda cuy en Mistura. Sí, de nada le sirvió a la picantería La Benita, por ejemplo, ganar el 2012 el "Cuyazo" de Mistura en mérito a su extraordinario e incomparable plato andino. ¿Qué le dijeron que vendiera? Ocopita y chicharrón de chancho. ¡Más pamplinas!

Y es que así, Blanca y Rocío se aseguraban los platos más pedidos y, por otro lado, podrían decir, con ese verbo colorido y edulcorante, que Mistura era inclusiva, que había traído a las picanterías arequipeñas. ¿Pero a ese precio y en esas condiciones? La verdad que tremenda falta de respeto y afán mercantilista no puede pasarse por alto. La gente debe saberlo. Y también debe saber como, por sexto año consecutivo, Rocío Heredia, sigue reclutando participantes, tal como lo hizo cuando llevó por dos años a las Hamburgruesas.

Nadie dijo nada porque todos tenían su anticucho, y no precisamente el de la extraordinaria Grimanesa Vargas. Desde que nació Mistura siguen las mismas caras y aunque el año pasado se integraron tres nombres más, el grueso sigue siendo el mismo: un puñado de cocineros, la mayoría de ellos seguramente muy buenos, muy probos, muy profesionales, pero que ya deben dar un paso al costado para asegurar la transparencia, para darle oportunidad a los otros 400 asociados de Apega.

Y para cerrar con broche de oro, los organizadores no tuvieron mejor idea que invitar a la actriz Magaly Solier para que sirviera puca picante, el plato que de niña vendió alguna vez para ayudar a su mamá. Y vaya que el plato de marras fue criticado por malo, desabrido, etc. Pero eso poco importaba, Magaly estaba ahí para la foto y para decir con su verbo revolucionario que ella estaba en Mistura sólo como una muestra de apoyo a los campesinos. Ya no decía que Mistura era de pitucos. El stand cambió su vida.

Finalmente, lo que se espera en la próxima Mistura es un poco más de humildad, que Apega abra las puertas de su auditorio a los desclasados, a esa masa de la que tanto hablan los caviares que pululan por la casa del rocoto gigante. Que Apega apoye al campesino y al pescador más allá de mensajitos en videos y que esparza sus millones en las caletas y las chacras de las zonas más deprimidas. Que convoquen a los mejores restaurantes y no a los huecos de los amigotes, que los organizadores cambien de rostro, que Mistura recupere el feeling, y que Apega vuelva a izar esa bandera de igualdad. La mesa está servida… pero inviten pues.